PRIMER ACTO
Habitación de paredes blancas de cinco lados o tabiques. El del foro tendrá en el centro una arcada grande que dejará ver otra habitación, que se describirá más adelante. A la derecha un tabique ochavado, con una ventana que se supone da al campo, y otro tabique perpendicular a la batería, en el que hay una puerta. A la izquierda otro tabique ochavado con puerta en el centro y otra pared perpendicular a la batería, en cuyo promedio hay un bargueño antiguo sobre una mesa de hierros cruzados. Varias sillas antiguas de cuero y una mesita y dos sillones de igual época. Pendiente del techo un farol antiguo con bombilla eléctrica, que se enciende a su tiempo. La habitación que se ve por la puerta del foro es el zaguán de un molino harinero—en ella y en la parte izquierda el arranque practicable de una escalera—. Al foro, puerta grande que da al campo y que luego ha de cerrarse con cerrojo y barra. Pilas de talegos de harina, etcétera, etc. La acción empieza al atardecer de un día de agosto.
Nº1. Preludio y copla
Durante él se oye cantar dentro la siguiente copla:
Voz (dentro):
No está el valor de los hombres
en pelear sin ceder;
no es valor insultar y echárselas de matón;
el valor es sufrir en aras del deber.
No es valor insultar y echárselas de matón.
Sólo el valiente de veras,
es el que al fin sabrá vencer.
Nº2. Dúo Consuelo y Terencio
Terencio:
Comuelico, lucero
de la mañana.
Consuelo:
De escuchar tus mentiras
no tengo gana.
Terencio:
Consuelico del alma,
ya estoy aquí.
Consuelo:
Váyase el muy ingrato
lejos de mí.
Terencio:
¿Ingrato me llamas?
Consuelo:
Ingrato y perverso:
pues ya que te consta
que tanto te quiero,
que sólo a tu lado
la vida comprendo,
faltar todo un día
es darme tormento.
Terencio:
Halagan tus frases
y ofenden a un tiempo.
La niña mimada
aplaque sus nervios,
que si hoy he tardado
decirle ya puedo
que pronto, muy pronto,
felices seremos.
Consuelo:
Lo mismo me has dicho
tres veces lo menos
y yo te creía,
mas ya no te creo.
No me engaña tu labia
debo advertirte.
Terencio:
Esta noche mi padre
viene a pedirte.
Consuelo:
¿Es verdad?
Terencio:
Mírame, que mi cara
te lo dirá.
Consuelo:
¡Ay, yo no sé qué me pasa!
¡Ay, yo no sé lo que siento,
que de reír tengo ganas
y de llorar ganas tengo!
Terencio:
Es que cual yo, vida mía,
ves otro mundo mejor.
Consuelo:
¡Benditos sean benditos,
la juventud y el amor!
Terencio:
Yo voy a ser
tu esclavo más rendido.
Consuelo:
De la mujer
el rey es el marido.
Terencio:
Han de envidiar
la dicha de los dos.
Consuelo:
Es de esperar
que así lo quiera Dios.
Terencio:
Ven junto a mí, vida mía;
ven que te cuente mi anhelo;
ven que me mire en tus ojos;
ven que respire tu aliento.
Los dos:
Juntos en vida por siempie;
no hay otra dicha mayor.
¡Benditos sean, benditos,
la juventud y el amor!
Nº3. Fox trot aragonés
Consuelo: (Hablado)
¡Qué sorpresa tan grande para mi madre, y al mismo tiempo qué alegría! (Se asoma a la ventana.) ¡Adiós! ¿Eh? ¿Qué dices? ¡Ah sí! ¿Que no me incline tanto, que me puedo caer a la acequia? ¡No hay cuidado! Pero, en fin, me retiraré para que te tranquilices, ¡Adiós,
adiós! (Se retira de la ventana.) ¡Qué bueno es y cómo me quiere!
Nicolasa:
(Dentro.) ¡Socorro, socorro!
Consuelo:
¿Qué ocurre, qué pasa?
La Tarántula:
¡Soltarme! (Dentro).
Nicolasa:
¡Socorro! (Dentro.)
Consuelo:
Es la Nicolasa.
Nicolasa:
¡Ay por Dios. Consuelo, (Ya en escena.)
ten piedad de mi!
Saturnino:
¡Ojo, que da coces!
La Tarántula:
¡Quietos!
Consuelo:
¡Alto ahí! (Nicolasa se refugia detrás de Consuelo, y sale La Tarántula, a la que sujetan Nino y Rufo por un brazo cada uno.)
A qué viene este escándalo quisiera yo saber.
La Tarántula:
La culpa es de esta perra.
Nicolasa:
La culpa suya es.
La Tarántula:
O callas o te zurro.
Nicolasa:
Yo puedo hablar también.
Consuelo:
Pues hable usted primero (A La Tarántula.)
y tú hablarás después. (A Nicolasa.)
La Tarántula:
Esa esmirriá que ven ahí
es un castigo para mí;
porque la tengo que zurrar
por no gustale trebajar.
Ni quié lavar, ni quié barrer;
pero no se harta de leer,
y todo lo hace, ¡otra que DiosI,
marcando el paso del fus-trós.
El fus-trós la osesiona,
y cual si fuese una mona
va, cuando barre, bailando
con movimientos así.
Y fus-trós todo el día
para que rabie su tía
cual hoy aquí.
Y estoy ya cargá
de esta condená
que tan loca está.
Nicolasa:
Esa mujer que veis ahí
es un verdugo para mí,
pues como burra y sin parar
me hace to el dia trebajar.
Antes bebía peleón
y la dormía en el jergón;
mas aguardiente bebe ya
y por el baile ahora le da.
El fus-trós la osesiona,
y cuando pilla la mona
va por la calle bailando
con movimientos así.
Y fus-trós noche y día
hasta zurrarme la arpía
cual hoy aquí.
Y estoy ya cargá
de esa condená
que a matarme va.
Todos:
El fus-trós la osesiona, etc.
Nº4. Terceto cómico y Jota
Saturnino:
¡Nicolasa!
Nicolasa:
¿Qué me quieres?
Saturnino:
Saludate.
Nicolasa:
Gracias, Nino.
Rufo:
¡Nicolasa!
Nicolasa:
¿Qué deseas?
Rufo:
Saludate.
Nicolasa:
Seis muy finos.
Saturnino:
Buenas tardes. (Medio mutis.)
Nicolasa:
Buenas tardes.
Rufo:
Buenas tardes. (Medio mutis.)
Nicolasa:
Ir con Dios.
Saturnino y Rufo:
¡¡Nicolasa!! (Volviédose de pronto y cada uno a un lado de Nicolasa.)
Nicolasa:
(Asustada.) ¡Qué animales!
¡Qué animales seis los dos!
Rufo:
Quisiera ser palomo
como tú fueras
mi palomica.
Saturnino:
Quisiera yo ser burro
con tal que fueras
tú mi borrica.
Rufo:
Risponde cuál te gusta.
Nicolasa:
¡Vaya por Dios!
Rufo:
¿Con cuál te casarías?
Nicolasa:
Pues con los dos.
Saturnino:
¿Con los dos a un tiempo?
Eso no pué ser.
Nicolasa:
Con uno primero,
con otro después.
Rufo:
Tú te estás burlando
Nicolasa:
Pues para escoger,
vuestras gracias
quiero saber.
Hablado.
Saturnino:
Pues ahora mismo vas a saberlas.
Jota
Saturnino:
Yo levanto treinta arrobas
y me salto quince metros
y me bebo azumbre y media.
Rufo:
Y se come un cerdo entero.
Saturnino:
Y trabajo como un negro.
Mires pa onde mires,
vayas pa onde vayas,
no hallarás un mozo
de tantas agallas.
Y en cuanto a caletre,
sé más que Merlín.
Nicolasa:
¡Tié una caeza
como un adoquín!
Rufo:
Ni soy guapo ni soy feo;
pero tiro más a guapo:
ni soy sabio ni soy tonto…
Saturnino:
Pero tiras tú de un carro.
Rufo:
Pero tiro más a sabio.
Mires pa onde mires,
vayas pa onde vayas,
de estos pantalones
se prendan las sayas,
pues soy un tinorio
de marca mayor.
Nicolasa:
Mas paece la estauta
del Comendador.
Nº5. Final del primer acto. Rondalla y copla
Rufo:
No me esperes en la reja
que esta noche hace relente;
espérame en el pajar,
que allí se está más caliente.
SEGUNDO ACTO
La misma decoración del acío primero. La misma música con que acabó el acto primero.
Cuadro segundo
Telón a dos cajas, que figura ser un jardín a espaldas del molino. En primer término, rompimiento de árboles grandes y frondosos que forman arco, pues se entrelazan por las copas. A la derecha ha de verse algo del edificio, con una puerta que dé entrada a él. En todo el foro del telón, tapia que enlaza con otro trozo que habrá a la Izquierda, y en él la puerta de servicio al campo. El horizonte montañoso. Son las diez de la mañana de un caluroso día de verano.
Salen a escena por la puerta de la izquierda primeramente las mozas, formando una rondalla y figurando que tocan guitarras y bandurrias. Detrás de ellas los mozos, que las imitan con las varas a guisa de instrumentos. Durante el canto hacen evoluciones hasta quedar por parejas de hombre y mujer al final del pasacalle.
Nº6. Pasodoble y jota
Mozas:
En prueba de lo mucho
que se progresa,
allá va una rondada
aragonesa,
formada por las mozas
de este lugar;
que aquí ya ningún mozo
sabe tocar.
Mozos:
Quieres tú tocar como yo;
pero me parece que no.
Mozas:
No te arrimes,
que desafinando la prima
ya está.
Mozos:
No te burles, maña, jamás,
que la burla tú pagarás.
Mozas:
Ya los hombres en el pueblo éste
no sirven pa na.
Todos:
Todo el mundo desea tener
todo aquello que no logró;
no hay placer superior al placer
de alcanzar lo que se soñó.
De la vida el que quiera gozar
sólo debe reír y cantar.
¡Felices, Consuelico;
que cumplas muchos años!
Consuelo:
¡Amigas, muchas gracias,
y muchas gracias, maños!
Terencio:
Un día tan solemne
se debe celebrar.
Todos:
Pues venga una jotica,
y vamos a bailar.
Terencio:
De las mujeres bonitas
Málaga tiene la fama;
Sevilla de las graciosas
y Aragón de las honradas.
Todos:
Los que son
de Aragón
revelan en todo
nobleza y tesón.
Y es de ver
la mujer,
que no la hay más firme
si da su querer.
De tener corazón
todos nos preciamos
en esta región.
Si un baturro al luchar
lleva razón,
antes morir;
pero ceder no.
(Baile.)
Aquel que nace en España
dar debe gracias a Dios,
y no cesar de alabarle
si ha nacido en Aragón.
Nº7. Dúo Saturnino y Nicolasa
Han quedado en escena horrorizados y mirándose el uno al otro. Todo el número deben cantarlo planísimo como si temieran que los oyesen. Cuando uno de ellos eleva la voz, en los momentos que al compositor le parezca oportuno, el otro le indica con el dedo puesto en la boca que baje el diapasón El efecto del número debe estar en los pianos y en los fuertes.
Saturnino:
¿Qué te paice, Nicolasa?
Nicolasa:
¿Qué me dices, Saturnino?
Saturnino:
¡Es el que robó la iglesia!
Nicolasa:
¡Y escapado de presidio!
Saturnino:
Y nostramo va a ser ése?
Nicolasa:
¿Y ese tío vendrá aquí?
Saturnino:
Como Dios no haga un milagro,
me paice a mí que sí.
Nicolasa:
¡Pues no será,
pues no será! (Gritando.)
Saturnino:
¡Chis!…
¿Y qué hacemos pa impedirlo?
Nicolasa:
¡Oye maño y lo sabrás!
(Pianísimo.)
Tú, que eres un valiente
asombro de la gente,
recuerda aquella hazaña
del Cide capeador,
y a un hombre que es más hiena
que el padre de Jimena,
vé y córtale el gañote
si aspiras a mi amor.
Saturnino:
No estás en tu cabales,
que eso es de creminales
y a todos a la postre
los llegan a trincar.
De joven o de vieja
no quiero que a la reja…
la reja de la cárcel
me vayas a llorar.
Nicolasa:
Valiente te creí,
mas viendo estoy aquí
que tú eres un cobarde.
¡Aparta de mí!
Saturnino:
Yo soy el que antes fui,
y no está bien que aquí
me taches de cobarde,
ni grites así.
Nicolasa:
Que venga un asesino
como amo del molino,
tú debes evitarlo
si tienes corazón.
En estas ocasiones
se ven los pantalones;
mas creo que los gastas
por equivocación.
Saturnino:
También en ocasiones
tú gastas pantalones,
y tiés derecho al voto
cuando haiga una eleción.
No hay, pues, inconveniente,
ya que eres tan valiente,
que al tío ese de marras
le des un tozolón.
Nicolasa:
Valiente te creí,
mas viendo estoy aquí
que tú eres un cobarde.
¡Aparta de mí!
Saturnino:
Yo soy el que antes fui,
y no está bien que aquí
me taches de cobarde
ni chilles así.
Los dos:
No tienes tú corazón,
y escuchándote hablar
pierdo ya la razón.
Nº8. Romanza de Nicolasa
Nicolasa:
¡Yo le veo, le veo, le veo
venir con el otro
por esos caminos!
¡Yo le veo, le veo, le veo
pararse de pronto,
decir: yo no sigo!
Y el otro que dice
pues vas a seguir,
y Nino que nones
y el otro que sí.
Y en esto se ponen
los dos a luchar,
y cual fieras se arañan, se muerden,
se quieren matar.
¡Ja, ja, ja! (Risa como de loca.)
¡Ay maño del corazón,
locura siento por ti!
¡Ay maño del corazón!
¡Si te prenden, yo soy la culpable!
¡Ay mañico, mañico, perdón!
¡Yo le veo, le veo, le veo
saltar sobre el otro
con una navaja!
¡Yo le veo, le veo, le veo
tirarle un viaje
y abrirle una raja!
Y en esto que llega
la Guardia civil,
y a Nino que viene
corriendo hacia aquí,
los guardias persiguen,
le atrapan al fin…
¡Y a la cárcel atado se llevan
al pobre infeliz!
¡Ja, ja, ja, ja!
¡Ay, maño del corazón,
locura siento por ti!
Etc., etc.
