El verbo amar partituras

Un gran salón en el palacio de Pedro XXIII de Percalia. Ocupando la mitad del foro un artístico balcón desde el que se divisará un frondoso jardín. A ambos lados del balcón se figurará el arranque de dos artísticas escalinatas que van a dar al jardín y por las que harán entrada los personajes que se indican en las escenas. A la derecha del público dos puertas: a la izquierda en primer término, sillón y mesa con recado de escribir. En segundo término, puerta también. Del techo pende una araña monumental. Alfombra y los demás muebles adecuados a un salón real.

Preludio

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Escena primera – Prólogo

Coleta, dama de la reina, vieja ridícula. Dondina, dama más joven. Exaltación, ídem. Librada, ídem id. Mariposo, presidente del Consejo de Ministros, de uniforme. Fidencio, ministro de Hacienda, ídem id. Juvenal, ministro del Interior, de ídem id. Coro de señoras vestidas de damas de la corte.

Nº1. Conjunto

Coro de señoras:
Ya tardan los doctores en salir
y aumenta mi emoción.

Coleta, Dondina, Exaltación y Librada:
Yo espero solamente por saber
si es niña ó es varón.

Fidencio:
El caso no es insólito
y hay que esperar impávido.

Mariposo:
Por más que los fenómenos
anuncian parto rápido.

Coleta:
Que Dios le dé las fuerzas
que ha menester.

Mariposo:
De fuerzas va muy bien.

Mariposo, Fidencio y Juvenal:
El pueblo aquí
va a esperar esta vez con razón
que el solio real
logre al fin el tener sucesión.

Todos:
Que el solio real
logre al fin el tener sucesión.
Persalia está de enhorabuena,
su anhelo ha conseguido, pues,
y todo es dicha y regocijo
para el rey Pedro veintitrés.

Coro de señoras:
Yo le rogué á la Virgen con gran fe
que no sea varón.

Coleta, Dondina, Exaltación y Librada:
Yo le vengo rezando ya hace un mes
con esa condición.

Fidencio:
Pero los diplomáticos
queremos al unísono.

Mariposo:
Que salga como es lógico
un niño robustísimo.

Coleta:
Que sea una princesa
es mi intención.

Mariposo:
Pues ha de ser varón.

Mariposo, Fidencio y Juvenal:
Lo exige así.
De Persalia el más alto interés.
Si no es varón,
hasta el rey va a sentirlo esta vez.
Si no es varón,
hasta el rey va a sentirlo esta vez.
Persalia está de enhorabuena
y pues lo exige la nación,
pidamos todos con anhelo
que lo que nazca sea varón.

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Nº2. Que el cielo guarde al soberano

Todos:
Que el cielo guarde al soberano
que vuelve victorioso y triunfador
y que en el campo de batalla
ha demostrado ser un hombre de valor.

Pedro:
Yo agradezco el parabién,
mas lo encuentro exagerado,
porque vengo de cumplir
mis deberes de soldado.

Todos:
Al que altivo despreció
a la muerte, y sin tardar
la victoria consiguió
debe el pueblo venerar.
Por eso, rendido
aclama el pueblo al vencedor
y todos unidos
han de pregonar
vuestro gran valor,
porque así
lo quiere el pueblo,
¡oh gran señor!
lo quiere el pueblo,
¡oh gran señor!
lo quiere el pueblo,
¡oh gran señor!

Pedro:
El reino de Percalia
es sin disputa un reino superior.
Mis súbditos lo dicen, y yo creo
que tienen razón.
Si pide alguien justicia
se la damos sin tardar.

Mariposo:
Y á veces sin pedirla
se le suele dar.

Pedro:
Todas las guerras las acabo en un santiamén.

Mariposo:
Y yo las crisis las resuelvo siempre muy bien.

Pedro:
No hay enemigo que mi empuje pueda aguantar.

Mariposo:
Y hoy se conoce que le ha dado por empujar.

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Nº3. La princesita

Coleta:
Aqui tenéis á la Princesa.

Dondina, Exaltación y Librada:
¡Qué encantadora y qué gentil!

Juan:
Jurad, rey Pedro, por su vida
que lo pactado hais de cumplir.

Pedro:
Ante esta niña candorosa
vuelvo á deciros y a jurar
que cumpliré lo contratado.

Juan:
Pues no tenemos más que hablar.

Pedro:
Ahora que mi chambelán
cumpla con su obligación,
y que se disponga a hacer
la oficial presentación.

Todos:
Esperamos ya
la presentación.

Mariposo:
(Cogiendo la bandeja y viendo a la Princesa.)
¡Qué Princesa tan chiquita!
¡Qué Princesa tan bonita,
qué monada, qué dolor;
al nacer ya condenada
por la suerte despiadada
a ignorar lo que es amor!
Las orejas son del padre,
las narices de la madre
y además tiene un lunar,
un lunar que se parece
al que tuvo Pedro trece
y que dio tanto que hablar.

Todos:
Vamos, Mariposo,
no más dilación,
que ya se retrasa
la presentación.

Pedro:
(Quitándole la bandeja y viendo a la Princesa.)
¡Qué pedazo de alegría!
¡Qué pedazo de hija mía,
qué orgulloso estoy de mí!
Tan bonita y acabada
no se tiene ni encargada
al mismísimo París.
Y al mirar sus blondos rizos
y al mirar tantos hechizos,
como nunca vi jamás,
me dan ganas, francamente,
de ocuparme solamente
en hacer dos ó tres más.

Hombres:
Vamos, Mariposo,
no más dilación,
que ya se retarda
la presentación.

Mujeres:
Vamos, Mariposo,
no más dilación,
que ya se retarda
la presentación.

Todos:
Si ahora de pequeña
es una deidad,
hay que verla cuando
tenga más edad.
Va a ser una hembra
que sin vacilar
dice uno al mirarla,
es una hembra real.
Cuando el pueblo sepa
nuestra decisión,
debe arder en fiestas
toda la nación,
que estas ocasiones
vienen una vez
y hay que celebrarlas
con esplendidez.
Dios colme su vida
de felicidad
y que sea el encanto
de su majestad.

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Nº3bis – Intermedio

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Cuadro primero

Una galería del palacio del mismo rey Pedro. Dieciocho años después.

Escena primera

Nº4. Cuarteto cómico

Mariposo:
Tened mucho de aquí, por Dios,
y no dejad de observar.

Juvenal:
Confíe sólo en mí, que me he
propuesto no descansar.

Fidencio y Ciro:
Nosotros no cesamos
ni paramos de vigilar,
podéis estar tranquilos
porque a nadie se ha visto entrar.

Mariposo:
Se acerca ya el momento
de cumplir la gran misión
y gozo al pensar
lo que han de admirar
su rara educación.

Todos:
Por eso no hay que temer, pardiez,
la más leve indiscreción.
Y es nuestra obligación
tener cada ojo así,
mirando por allá,
mirando por allí.
(Paseó cómico.)

Mariposo:
Si alguien osara penetrar
en esa regia habitación,
tal vez pudiera malograr
nuestra asombrosa educación.

Ciro, Fidelio y Juvenal:
Puesto que el plazo al fin llegó
nada debemos de temer,
y honradamente creo yo
que hemos muy pronto de vencer.

Todos:
Jesús, cuánta vehemencia,
qué impaciencia
y somnolencia
la que estamos pasando
y aguantando
y esperando
hasta que la Princesa
luzca el ramo
de azahar
y se case
con el otro
y nos deje
descansar.

Mariposo:
Mucho sigilo por aquí,
sólo un esfuerzo nada más,
Un ojo siempre puesto allí
y otro también, detrás.
Nada debemos de temer,
a vencer.

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Nº5. Coro y concertante

Coro:
El pacto real
hoy se cumplió,
ya frente a frente están los dos,
¿Qué irá á hacer él?
¿Qué ee dirán?
Ahora veremos qué es lo que harán.

Pedro:
Temblando estoy
de miedo y de emoción.

Juan:
Vamos á ver
qué tal la educación.

Mariposo:
(Aparte.)
Como esta vez
la cosa salga mal,
entonces sí
la crisis es total.

Príncipe:
(A Pedro.)
Pues lo consiente
mi real papá,
con vuestra venia
la voy á hablar.
(Dirigiéndose a Esmeraldina, pero sin acercarse mucho.)
Princesa celestial
guardada para mí,
no extremes tu rigor
y lo que quieres di.

Princesa:
(Aparte y asombrada.)
¡Qué rara educación
y qué modo de hablar,
lo que me dice no
acierto a adivinar!

Pedro, Mariposo, Fidencio y Ciro:
(unos á otros.)
Si va a hacerle el amor,
como es lo natural,
la plancha que va a hacer
va a ser piramidal. (Riendo.)

Princesa:
No sé lo que siento al mirarle,
ni sé lo que pasa por mí.

Príncipe:
Escúchame, niña hechicera,
escúchame, por compasión,
que no quiero ver en tus ojos
enojos
queriéndote con pasión.

Princesa:
Habladme, señor, de otro modo,
mirad que me siento morir,
y lucho en la duda y batallo
y me callo
por no saber qué decir.

Príncipe:
Gallarda princesita,
guardada solamente para mí,
que fueses tan bonita
te juro que jamás me lo creí.
Princesa de leyenda,
sagrada como rosa de pasión,
acepta como ofrenda
mi mano, y con mi mano, el corazón.

Princesa:
¡Qué extraños pensamientos
van levantándose dentro de mí!
¡Qué raros sentimientos
hoy siento y que jamás nunca sentí!
Paréceme esto un sueño
y quiero si es un sueño despertar,
que es loco y vano empeño
luchar con lo imposible de luchar.
Me cuesta trabajo deciros
que no entiendo vuestra actitud,
ni sé si al hablarme alabais
ó dudáis
acaso de mi virtud.

Príncipe:
Por muy inocente que seas
y asome a tu rostro el rubor,
debieras sentir al oír en tu oído
mis quejas
un poco de amor.

Princesa:
Señor que hasta mi lado
llegasteis para bien o para mal,
y en mí habéis despertado
anhelos que no os puedo yo explicar.
Dejad que esta locura
no siga su camino triunfador,
y mate mi ventura
y cause para siempre mi dolor.

Príncipe:
Fortuna y vida diera,
encanto de mi amor, sin vacilar,
si dándolas, pudiera
tus penas y tus dudas acabar.
Y en cambio sólo pido
que llegues sin temores hasta mí,
y dejes que al oído
te diga que de amor muero por ti.

Coro:
Acaso a la Princesa
no le ha debido el Príncipe gustar,
y tal vez esto pueda
los planes ya pensados malograr.
El caso no me explico,
ni sé lo que el Rey Pedro ha de decir.
Que el Príncipe, á mi juicio,
también es muy gallardo y muy gentil.

Princesa:
Qué extraña sensación
embarga al corazón.

Príncipe:
No extremes tu rigor
que estoy loco de amor.

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Nº5 bis. Instrumental

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Cuadro segundo

Un jardín espléndidamedte iluminado. Por todas partes atributos alegóricos del amor. Carteles en los que se leerá: IViva el amor! Romeo y Julieta. Fausto y Margarita. Adán y Eva. Todo lo vence el amor. Convenientemente distribuidas estatuas de Cupido, de Venus Afrodita, de Apolo, Adonis, etc., etc.

Escena primera

Esmeraldina reclinada en un banco cubierto de pieles y almohadones. Coleta arrodillada junto á ella lee un libro, a su lado Exaltación; de pié con un libro en la mano Mariposo.
Salen ocho bayaderas que bailan el número y al acabar aparece la sulamita.

Nº6. Número de las bayaderas

Sulamita:
Soy la mujer que en sus ojos
refleja siempre el deseo tentador,
y que en sus labios, más rojos
que los corales, vive y palpita el amor.
Tienen mis cantos arrobadores
la dulce rima de los amores.
Siente mi cuerpo de amor ungido
ansias eternas del ser querido.

Coro:
Canta tus dulces
canciones de amor.

Sulamita:
Mi boca es más roja
que flor de granado,
y en ella dormidos
los besos siempre esperan
que llegue el bien amado.
Es mi pelo más rizado
que la espuma de la mar,
y mi cuerpo es como caña
que se dobla al vendaval.
¡Ay, qué languideces!
¡Ay, cuanto deseo!
jAy, qué siento a veces!
¡Ay, que me mareo!

Todos:
¡Ay, qué languideces!
¡Ay, cuanto deseo!
jAy, qué siento a veces!
¡Ay, que me mareo!

Sulamita:
La vida no es vida
sin un ser querido,
que esté a todas horas
hablándote muy quedo
de amores al oído.
Que te cante su cariño,
que te envuelva en su ilusión,
y que logre que tu cuerpo
se estremezca de pasión.
¡Ay, qué languideces!
¡Ay, cuanto deseo!
jAy, qué siento a veces!
¡Ay, que me mareo!

Todos:
¡Ay, qué languideces!
¡Ay, cuanto deseo!
jAy, qué siento a veces!
¡Ay, que me mareo!

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Nº7. Dúo – Vals lento

Príncipe:
Amor es vida y es placer,
amor es llanto y es dolor,
y cuando llegues a querer
verás qué bueno es el amor.
Nada hay más grande que vivir
por el amor y para amar.
Nada hay más dulce que sentir
un beso entre los labios susurrar.

Princesa:
Nunca me hablaron a mí así,
nunca esas cosas escuché
y ahora al oíros siento aquí
un no sé qué
que no me acierto yo a explicar
si son deseos de vivir
ó son deseos de llorar
ó de morir.

Príncipe:
No tengas tú ningún temor
y por piedad ven hacia mí
que eso que sientes es amor
que nace en ti.

Princesa:
Pues si es amor este penar
y tú lo puedes, cúrame
llega hasta mí sin vacilar
y abrázame.

Príncipe:
Déjame que mis brazos, mi bien,
al ceñirte así con pasión
se convenzan que huyó tu desdén
y que nace en ti la ilusión.

Princesa:
Tú has logrado que todo mi ser
sepa al fin comprender el amor.
¡Príncipe de ensueño,
Príncipe y señor,
no te burles de mi rubor!

Príncipe:
¡Qué gran ventura sentiré
cuando al altar te lleve así
y ruborosa digas que
mueres por mi!

Princesa:
Quizá no pueda resistir
ese momento halagador
si ante el altar te oigo decir
esta es mi amor.

Príncipe:
Reina en mi reino tú serás,
esclavo tuyo yo seré
y de tu lado ya jamás
me apartaré.

Los dos:
Si fuera un sueño esta pasión
y se perdiese al despertar,
por Dios, que siga la ilusión
quiero soñar.

Príncipe:
Reina en mi reino tú serás.

Los dos:
Siempre en mi amor tú reinarás.

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