La hora tonta partituras

Cuadro primero

Vestíbulo del correccional de las Pecadoras del Amor. En, primer término una galería sostenida por columnatas. En segundo término un patio-jardín a la forma inglesa. Al fondo una verja, que aísla este edificio de un jardín. Esta verja estará tapiada. A la izquierda el edificio correccional con alegorías propias de una Cárcel de Amor.
En escena Doña Virtudes, Directora del correccional, vestida a la inglesa, con gafas de oro. Es una mujer guapa aún, a pesar de la edad.
Don Primo, Administrador de la casa, tipo severo y enlutado. Más allá las Reclusas, que se hallan alineadas. Visten uniformes ribeteados, con corazones bordados a la altura del suyo y el número de su reclusión debajo.

En este momento se abre la puerta de la verja del foro y aparece en ella Tramilla vestido de pastor protestante, a la moda anglicana: pantalón y levita corta negros, cuello planchado, con babero y sombrero negro de alas anchas. Debe ser un tipo que frisa en los
cuarenta años, y trae un «kempis» en la mano. Detrás de él entran dos carceleras con un pequeño baúl, que dejan en segunda izquierda.

Nº1. Cuplés de Tramilla – Mazurca

Todas:
Honor a tan ¡sabio varón
de fama hoy día universal,
por su clara, virtud
y gran moral.

Primo:
Honor.

Virtudes:
Honor.

Tramilla:
Honor lo tiene este pastor.

Virtudes:
Sed bienvenido a esta mansión.

Primo:
Os recibimos de todo corazón.

Tramilla:
Esta acogida
tan cariñosa
me ha conmovido
por lo afectuosa.

Primo:
¡Oh, qué gran hombre,
cuánta bondad!

Virtudes:
Cómo arrebata
con su humildad.

Todas:
Con su visita, viene aquí
problemas graves a estudiar,
y su palabra, queremos escuchar.

Tramilla:
Old raid.
Oui, oui.
(no sé lo que decir). (Aparte.)
Santo Tomás de Kempis,
ayúdame.
Que yo todas tus máximas
enseñaré.
(Leyendo los cuplés en el libro.)
A los bailes nunca asistas
pues cosa muy mai vista,
y si son de Carnavales,
mayores serán tus males.
¡Digo!
Pues la chica que allí acuda,
es seguro que allí siembre,
para recoger el fruto
hacia fines de Noviembre.
No lo olvidéis
nunca jamás.
Santo Tomás,
una y no más.

Todas:
Máximas son de gran moral,
Santo Tomás, una, y no más.

Tramilla:
Las muchachas agraciadas
estarán bien educadas,
Sin caer en los deslices
de sobarse las narices.
¡Digo!
Que es cosa que me encocora
y que resistir no puedo,
el ver a una señorita,
hurgándose con el dedo.
No la olvidéis, etc.

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Cuadro segundo

La escena se halla dividida en dos partes desiguales, siendo la menor la de la derecha, que es la alcoba de Don Primo Salido. Esta alcoba, de aspecto grave monacal, tiene una cama frente al público, colgada de modo que oculte a la persona que en ella se acueste.
Al costado de esta cama hay una mesilla. Junto a ella un teléfono que pone en comunicación esta alcoba con las diferentes galerías de la Cárcel. Un sillón frailuno y un reloj de los llamados «abuelos» completan el mobiliario.
El papel que tapiza la alcoba forma un dibujo con tres medallones al fondo, que juegan a su tiempo.
En la pared también, y encima de la mesilla, un retrato de un hombre que usa unas barbas descomunales y que a su tiempo mueve los ojos y la lengua cómicamente.
Esta alcoba tiene una puerta que da al rellano contiguo, frente a la cual hay una ventana de grandes dimensiones y otra de escape dentro de la alcoba. El rellano está cruzado al fondo por un pasillo, en el que se destaca una puerta de arco, en que se lee:
SALA QUINTA.—Dormitorio, de Tanguistas.
Es de noche y hay luces en la alcoba y rellano.

La orquesta empieza a preludiar suavemente una melodía severa a tono con el ambiente, mientras don Primo se desnuda, quedándose en peleles y poniéndose un batín grotesco, comentando todas sus actitudes meditativas. Después se encasqueta un gorro de dormir con una borla grana, y, tras de mirar si está solo en la alcoba, para lo cual mira por debajo de la cama y de los muebles, tapona herméticamente la cerradura con una toalla o paño cualquiera.
Acto seguido, y del bolsillo interior, saca unas postales, que contempla, operándose en él una transición cómica. Mira regocijado las postales en actitud amorosa, que son de la Pastora, la Chelito y la Raquel, y la orquesta comenta con los estribillos de «Trianerías», la rumba y el «Relicario» su presencia, a tiempo que sus siluetas se dibujan en los medallones de la pared.
Loco ya de entusiasmo, don Primo corre hacia el reloj, que abre, sacando de él un envoltorio, que deposita en el suelo, y que al
quitarle la funda deja ver una muñeca de tamaño natural, con camisita azul, una peluca rubia erizada y un lazo escarlata en el pelo, a la cual besa apasionadamente.
En esto suena el teléfono: asustado, guarda las postales y esconde nuevamente la muñeca en el reloj dirigiéndose precipitadamente al teléfono.

Nº2 Vals de la muñeca- Bailable

Cuando se escuchan los primeros compases, se dirige bailando al reloj, que abre nuevamente, sacando de nuevo la muñeca, que ahora
es una tiple exactamente igual a la muñeca de trapo, para dar el camelo al público, a la cual invita a bailar y que poco a poco va animándose hasta bailar el baile descrito en la partitura, y que figura oírse por el tubo.
En el estribillo, las reclusas. en camisita, cruzan por el pasillo cantando suavemente la canción amorosa. Don Primo, asustado, guarda la muñeca, y, encaramado al motante, presencia el desfile. Cuando las ve alejarse de nuevo, saca la muñeca, que ahora es la de trapo, y baila con ella los últimos compases del baile, dándole unos besos frenéticos, y liado a ella más que abrazado, cae con ella sobre la cama rendido por el baile, apagándose la luz rápidamente, mientras el retrato de Martínez mueve los ojos y la lengua desesperadamente.

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Nº3. Fox de las gallinas

En este momento el agujero de la cerradura empieza a aumentar de tamaño a la vista del público poco a poco, de manera que interese a los espectadores y puedan ver ellos desde sus asientos lo que allí dentro ocurre.
Cuando la cerradura está abierta por completo, se ilumina el dormitorio que es un gallinero artístico lleno de aves con plumas de diversos colores colocadas en posiciones y posturas diferentes. Unas sobre cañas, otras sobre el bebedero, otras en las puertas de sus casetas y una sobre un cesto lleno de paja y que figura estar poniendo.

Entonces, y Iras de un cacarear de gallos, empiezan a bailar la «Pollera», que es un baile amoroso y arrullador, en que juntan sus
picos con gachonería deliciosa.
Tramilla, Primo y Estrellita, asombrados, contemplan aquello, y durante el mismo pueden prorrumpir en exclamaciones pertinentes tales como:
Que me den el pico.
¡Cómo menean la cola!
¡Dios mío, qué gallináceas!
¡Aquí canto yo la gallina!
¡Me siento gallo!, etc., etc.
Cuando termina el bailable, todas las gallinas se acurrucan alrededor del cesto, que ahora se descubre lleno de huevos, apareciendo varios cascarones rotos, de donde salen unos pollitos, y Tramilla, ya loco de entusiasmo, quiere saltar a escena.

Estrellita:
¡Estése usted quieto!

Tramilla:
¡Que yo entro, hombre!

Primo:
¿Qué va usted a hacer?

Tramilla:
Dejarme. ¡Que yo entro ahí a por huevos!

De un salto entra en el gallinero, y las gallinas corren alborotadas, huyéndole.

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Cuadro tercero

Nº4. Las que matan mirando – Tango gitano

Salen Severina y seis mujeres vestidas de gitanas, de fantasía, todas en blanco, con adornos plateados. Sus peinetas son anchos puñales en plateado, así como sus pendientes y cadenas que llevan atadas a los brazos.
Toda esta blancura contrastará enérgicamente con la morenez de sus caras y la negrura exaltada de sus ojos exageradamente rasgados, que, encerrados entre las negras crenchas de su pelo, salen asaetando al público con un mirar fascinador y ardiente.
Cuando aparece Tramilla sufre un desvanecimiento en brazos de Primo.

Todas:
Aquí están estas mujeres,
que son las hembras barbianas,
las que matan a los hombres
sin necesitar navajas;
con mis besos sobra,
con mis ojos basta.

Severina:
Estos ojos asesinos
no lois miréis frente a frente,
porque estos ojitos negros
tienen peligro de muerte.
Y hay en su fondo quereres,
traiciones, celos y penas.
Ojitos que por matar,
están sufriendo condena.
Ojitos serranos,
ojitos cabales,
son mis ojos negros
como dos puñales.

Todas:
Ojitos serranos,
ojitos cabales,
son mis ojos negros
como dos puñales.

Carcelero, carcelero,
no me aprietes las caenas,
si no son las de tus brazos.
Carcelero, carcelero.
porque sin ellos me muero.

Severina:
Si fueras tú mi gitano,
quien la libertad me diera,
con una argolla en el cuello,
esclavita tuya fuera.
Si te «jeri» malamente,
y estoy sufriendo condena,
perdonadme la maldad,
y sácame de la trena.
Anda, ves corriendo,
gitanillo mío,
porque sabes siempre,
porque sabes siempre,
lo que te he querío.

Todas:
Carcelero, carcelero,
no me aprietes las caenas,
si no son las de tus brazos.
Carcelero, carcelero.
porque sin ellos me muero.

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Nº5. Las que roban corazones. Fox de los apaches

Salen Fe y seis mujeres vestidas en rojo como apaches, muy cortas y descotadísimas con todos los adornos en negros, tales como pañuelos, delantales y bajos. A la cabeza irán con gorras de apaches, negras también.
Salen en tono misterioso fumando.
En los estribillos sacan de los bolsillos un reflector que enfoca a los corazones que llevan en la otra mano, iluminándolos cuando el teatro está a oscuras.

Todas:
Ladronas, somos ladronas,
y estamos aquí en prisiones,
porque andamos por el mundo
robando los corazones.
Corazón que veo,
ya me lo he llevao,
mire usted aquí el suyo,
que se lo he robao.
Para robar el cariño,
nada nos puede fallar,
y para que ustedes vean,
lo vamos a demostrar.

Fé:
Si a un pollito el corazón
se lo tengo que robar,
a su lado me pondré
de este modo a suspirar.
Venga pronto, vaya,
y es seguro que el gilí
mi carita mirará,
y en seguida su querer
en mis manos dejará.
¡Quita! ¡Roba! ¡Calla!
Y aunque el pollo se dé cuenta
de tan glande fechoría,
primero grita ¡ladrona!
y después, ladrona mía.

Cariño, cariño mío,
desconfío de tu amor,
que el amor cuando es robado
es malvado y es traidor,
y el que yo busco lo quiero
verdadero y soñador.

Todas:
Cariñito, cariñito mío,
desconfío de tu amor, etc., etc.

Fé:
Y si a un viejo hay que probar
el robarle una pasión,
eso es cosa de pensar
el buscarle solución.
¡Venga! ¡Pronto! ¡Vaya!
A un vejete que hace así,
pa poderle saquear,
por más vueltas que le di,
no le pude encontrar ná.
¡Quita! ¡Roba! ¡Calla!
Y aunque el viejo se dio cuenta
de tan grande fechoría,
primero gritó, ¡ladrona!
y después, ladrona mía.

Cariño, cariño mío,
desconfío de tu amor,
que el amor cuando es robado, etc.
Cariño, cariño mío, etc.

Todas:
Cariño, cariño mío,
desconfío de tu amor,
que el amor cuando es robado, etc.
Cariño, cariño mío, etc.

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Cuadro cuarto

Decoración de un torreón que simula ser la Cárcel del Amor. Este torreón, practicable en sus costados, es de líneas fantásticas, llevando a sus lados dos garitas en alto, que son las garitas de las carceleras, en forma de corazones.
Estas carceleras, con camisas de tul, llevan a la cintura unas cadenas, de las que penden unos llaveros.
El torreón, con tres puertas practicables que caen a su debido tiempo a modo de puentes levadizos, con sus cadenas correspondientes.
Es de noche, y esta decoración, en tono violeta, es iluminada por la luna fantásticamente, dejando ver las rejas de las presas, tras de las cuales cantan.
La verja de esta cárcel está formada por una muralla de flores, iluminadas, que es un telón que hay en primer término, y tras el cual se ve todo lo anteriormente descrito, por ser un telón transparente.
Cuando las presas cantan desde las rejas, las flores de este telón van tomando cada una su matiz y su color.

Nº6. Guajiras de Severina

Severina:
Campanita que al sonar
al alma llegas,
al gachí que yo camelo
ves y cuéntale mis penas.
Y que si le da en la cara
un aire frío,
no le eche culpas al viento,
que son los suspiros míos.

Fé:
Serrano, por tu cariño
en los huesos me quedé,
y estoy que me lleva el viento
una esquina al revolver.
Ya… yay
peso menos que un papel…

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Nº7. Concertante final – Canto de las libertarias – Pasodoble

Todas:
Al romper esta cadena,
que atar quiso el corazón,
libertad sólo pedimos,
libertad para el amor.
Que es la vida, sólo amor,
y por eso he de buscar
en tus besos cariñosos,
llenos de pasión,
locas ainisias de gozar.
Que no hay cadenas ni lazos
que me puedan sujetar;
no hay más cárcel que la de tus brazos,
y es en ella donde quiero estar.
Que es la vida sólo amor,
y por eso he de buscar
en tus besos cairiñosos,
llenos de pasión,
locas ansias de gozar.
¡Campanas, voltead!
¡Antorchas, dad fulgor!
¡Anuncien los clarines
la victoria del amor!
Chispazos del querer
de un mágico eslabón,
de un pedernal que es fuego,
que es el propio corazón.
Es mi canto libertad,
libertad, que es como el Sol,
que sembrando va
con su resplandor,
por la tierra y por los cielos
infinito amor.
Es mi canto libertad.

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