Matrícula de honor partitura

ACTO ÚNICO

Interior de una zapatería lujosa. Al fondo, centro, puerta de cristales, y a ambos lados, escaparates con botas y zapatos. En el lateral derecha primer término, puerta que da acceso a las habitaciones de la casa. Segundo término, mostrador pequeño. Segundo término izquierda, una taquilla con la placa que dice: «Caja». Estanterías en los dos lados con cajas de botes. Al foro, telón de calle «bien». En el centro de la escena un «pouf» y repartidas varias banquetas tapizadas.

Escena primera

Doña Balbina, Marcelita, Clarita, Julita, María y Fructuoso en el interior de la zapatería. Veremunda y Celedonio el ciego en la calle junto a la puerta.

Julia está probando un zapato a Marcelita y María otro a Clarita. Doña Balbina pone mucha atención en ello. Fructuoso indignadísimo porque Celedonio (en la puerta tocando la guitarra) le está largando una soberana lata. La indignación no le impide, sin embargo «hacer el articulo» de los zapatos.

Nº1. Introducción y escena de la Zapatería

(Hablado sobre la música)

Fructuoso:
¡Resuela qué tabarra!

Balbina:
¿Os están bien, noyes?

María:
A mí sí, mamá.

Clarisa:
Y a mí.

Fructuoso:
Les están de primera.

Balbina:
Pues, apa, noyes. Lo que vullgau.

Fructuoso:
(A las dependientas.) Envolvedlos.

Cantado

Celedonio:
Generoso zapatero,
si me das un par de reales
serás el mejor del gremio
en Madrid y sus arrabales.

Fructuoso:
Este tío nos la da.

Balbina:
¿El qué?

Fructuoso:
La lata.

Balbina:
¿Cómo?

Fructuoso:
La lata.

Celedonio y Veremunda:
Dale al contrafuerte, que sí;.
dale a la tachuela, que no;
que no digan luego
que no echas un perro
a este servidor;
sí, señor.

Fructuoso:
De presa, ladrón.

Celedonio y Veremunda:
Dame una limosna, que sí;
dame una limosna, que no,
que no me hace gracia
que ustés se la nieguen
a este servidor;
sí, señor.

Hablado sobre la música

Fructuoso:
¡Rejota, qué lata!

Balbina:
¿Cuanto es el presio?

Julia:
Diecisiete cincuenta.

Balbina:
Oixó es molt caro.

María:
¡Carísimo!

Marcelita:
(a Celedonio, dándole una moneda.)
Tome Usted.

Celedonio:
Gracias. ¿Pero el dueño no da nada?

Fructuoso:
Un palo si no te largas, que estamos hablando con bocina.

Celedonio:
Pues ahora verás.

Fructuoso:
¡Sigue el solfeo!

Cantado

Celedonio:
Niñas que os estáis probando
alguna bota o zapato,
no lo compréis de esta tienda
porque es malo y no es barato.

Fructuoso:
¡Bueno! A este ciego le abro yo un ojo de un hormazo.

Celedonio y Veremunda:
Dale al contrafuerte, que sí;
dale a la tachuela, que no;
que no digan luego
que no echas un perro
a este servidor;
sí, señor.

Fructuoso:
¡Lástima de foxterrier! ¡Que no! ¡Que nol
Dame una limosna, que sí;
dame una limosna, que no;
que no me hace gracia
que ustés se la nieguen
a este servidor;
sí, señor.

Hablado sobre la música

Veremunda:
¿Conque no nos da usté na?

Fructuoso:
Después de la tabarra os compraré merengues.

Celedonio:
Nos íbamos a chupar los déos. El primo soy yo que doy conciertos a gentes incultas. No hay más que mirarle a usté pa ver que no es usté castizo.

Fructuoso:
¡Vaya usted a paseo!

Celedonio:
Y usté a afeitarse ese bigote, que paece una barredera automática. ¡Anda, Veremunda!

Veremunda:
No te sofoques, Celedonio, que se te caen las gafas.

Fructuoso:
Caray con el ciego, y puede enhebrar una aguja a oscuras.

Descargar partitura


Escena IX

Nº2. Cuplé de Rosita

Rosita:
Flor débil, rosa de estufa
nunca ha sido la mujer;
es flor de sol y alegría,
de libertad y placer.
Debe pronto huir
del invernadero
del dolor,
y dejarse abrir
el feliz sendero
del amor.
Y un amante jardinero
debe anhelosa buscar
que la cuide y que la mime
y no la deje secar.

Teodolindo:
¡Pecado mortal!

Rosita:
Eso dice mi papá,
pero yo no pienso así.
Esa vida tan atroz
no me gusta a mí.
Yo sueño con un cariño
tranquilo, santo y bendito,
y en un pisito muy alto
hacer un nido
muy chiquitito,
muy chiquitito.
La luz del sol en mi cara,
en la jaula un pajarito,
en mi pecho la alegría
y en la cocina
mi pucherito,
mi pucherito.

Teodolindo:
Eso, sí, eso sí,
eso sí me gusta a mí;
porque no, porque no,
porque no pecara yo.

Rosita:
A la mujer quiere el mundo
encerrar en un fanal,
y así que el cristal la impida
batir el ala y volar,
debe pronto huir
del invernadero,
del dolor,
y dejarse abrir
el feliz sendero
del amor.
Y si aquél cristal la impide
por los espacios volar,
llamará seguro a un hombre
y el hombre lo quebrará.

Teodolindo:
¡Pecado mortal!

Rosita:
Eso dice mi papá,
pero yo no pienso asi;
esa vida tan atroz
no me gusta a mí.
Yo sueño con un cariño
tranquilo, santo y bendito;
en mi ventana macetas
con muchas rosas,
y clavelitos,
y clavelitos.
Coser la ropita blanca,
tener un nene rubito,
y pasarme las mañanas
solo espumando
mi cocidito,
mi cocidito.

Teodolindo:
Eso, sí; eso, sí
eso sí me gusta a mí,
porque no, porque no,
porque no pecara yo.

Los dos:
La luz del sol en mi (tu) cara.

Rosita:
En la jaula un pajarito,
en mi pecho la alegría
y en la cocina
mi pucherito.

Los dos:
Eso, sí; eso, sí;
eso sí que sí, que sí
me gusta a mí.

Descargar partitura


Escena XIII

Lulú y Totó son dos mujeres que corten el hipo. Las ve el Casto José y capitula.

Nº3. Terceto cómico en tiempo de habanera

Lulú y Totó:
Vamos a ver
si pones atención
y logras aprender
nuestra lección.

Teodolindo:
Vamos a ver,
pondré gran atención,
porque quiero aprender
vuestra lección.

Lulú:
La vida es un tormento
cuando falta el amor.

Totó:
Y el alma no disfruta
más que hastío y dolor.

Las dos:
Pues para conseguir
la felicidad,
la felicidad,
preciso es admitir
la eterna verdad,
la eterna verdad.

Teodolindo:
¿Y esa verdad cuál es?
¿Y esa verdad cuál es?

Lulú:
Gustar todas las flores
del placer;

Totó:
Besar siempre unos labios
de mujer.

Teodolindo:
¡Ay, San Ginés!

Lulú:
Ven aquí, niño,
mira mis ojos,
y aprende en ellos
lo que es pasión.

Totó:
Ven aquí, encanto,
ven aquí, cielo,
que por ti late
mi corazón.

Teodolindo:
¡Ay, San Bernardo,
ay, San Francisco,
Santo Domingo,
venid a mí,
pues si no cuento
con vuestra ayuda,
ya me dispongo a morir!

Lulú:
¡Mírame!

Totó:
¡Mírame!

Las dos:
Que el ardor que mi sangre ya siente por ti.

Lulú:
¡Bésame!

Totó:
¡Bésame!
En locura muy pronto se va a convertir.

Teodolindo:
¡San Marcial!
¡Santa Cruz!
Estas socias de fijo me van a matar.
¡San Quintín!
¡San Antón!
Yo no creo poderme salvar.
Dóminus dedit,
Dóminus abstulit,
sit nomen Dómine
Kirie eleison.

Las dos:
Ven, vida; ven, cielo; ven gloria;
ven tú, mi ilusión,
ven tú, mi ilusión.

Teodolindo:
¡Ay qué dulces me saben
tus besos, mujer;
no me quites jamás
este inmenso placer!

Las dos:
Mi lección
te sirvió
y mi amor
te venció.

Teodolindo:
En el mundo no hay cosa más buena
que tu boca que me convirtió.

Las dos:
Ven, vida; ven, cielo; ven tú, mi ilusión.

Teodolindo:
Tu boca de rosa, de gloria, que me convirtió.
(Quedan abrazados.)

Descargar partitura


CUADRO SEGUNDO

Telón corto de calle o de sala de estación.

CUADRO TERCERO

Salón de fiestas de un balneario elegante. Decorado de rompimientos. Muchas plantas. Profusión de luz. Dos veladores al foro

Nº3bis. Interludio en forma de habanera

Descargar partitura


Escena XVII

Al levantarse el telón, varias parejas, bailan un vals y hacen mutis por ambos lados bailando, cuando va a terminar el número.

Nº4. Vals

Descargar partitura


Escena XXI

Nº5. Escena y Fox-trot del balneario

Teodolindo:
El fox-trott un baile es
que tiene mucho de inglés.

Rosita:
Pues ese baile extraño
lo quiero yo bailar,
de forma que muy pronto
lo llegue a dominar.

Teodolindo:
Es el baile de moda
en todo buen salón,
de Londres, Viena, Roma,
Chicago y Alcorcón.
Y en París, y en Berlín,
y en New-York, y en Pekín,
y en Chinchón y en Madras,
en todos los salones lo verás.

(Bailan un fox trot artístico y teatral. Rogamos a los Directores de escena lo pongan con todo cariño.)

Descargar partitura


Escena XXIV

Nº6. Pasodoble de las dominadoras

Entran las Dominadoras vestidas y peinadas elegantemente. Llevan un pay-pay que será hecho con un aro de alambre grueso y papel de seda de colores. El puño de madera plateada y un lazo de cinta. Hacen el número con Fructuoso, Teodolindo y Bañistas 1 y 2).

Las cuatro:
Somos las dominadoras
somos las que eternamente
en amor han de vencer.
Y es el hombre un pobrecito
al que con una mirada
nuestro esclavo hemos de hacer.
Vencedora, vencedora
debe ser
sobre el hombre, sobre el hombre
la mujer,
que ella ofrece la alegría,
las delicias y el placer.
Ven hacia mí
que te adoro con locura infinita,
pero eso no quita
para negarte mi boquita,
no la daré,
no te besaré,
si no me das
sin volverte a atrás
pruebas de ser
el siervo más feliz del querer.

(Evoluciones y mímica de las cuatro parejas. Declarándoles los hombres su pasión con movimientos y gestos rítmicos y acompasados y rechazándoles ellas con coquetería.)

El amante que apetezca
los besitos de mi boca
a mis pies se ha de postrar.
Mis caricias regateo
y si quiere conseguirlas
por el aro ha de pasar.
Mi belleza, mi belleza
vencerá,
y el amante por el aro
pasará,
que las mieles del cariño
en mis brazos gustará.
Ven hacia mi, etc., etc.

(Evoluciones y mímica análogas a las anteriores, terminando porque ellos se dejan caer de rodillas y ellas les introducen el pay-pay por la cabeza. Así se los llevan y hacen mutis.)

Descargar partitura


Nº6 bis. Vals

Descargar partitura


CUADRO CUARTO

Escena dividida. A un lado, carretera. Al otro, interior de un mesón, cuya puerta da a la carretera. En un rincón, junto a la pared, un montón de sacos vacíos y otros que figuran estar llenos de harina. Una mesa en otro rincón, en forma que pueda un personaje ocultarse debajo. Varias sillas de pino blanco.

Escena XXVII

Se levanta el telón y está la escena sola. Amanece.

Nº7. Canción del arriero

Tenor:
Tira, mulilla, con juerza
tira, mulilla, con brío,
que mi maña y tu pesebre
están al fin del camino.
Y cuando lleguemos,
ya estamos allá,
y entonces, mi maña,
el pienso nos da.
Arre, Capitana. ¡Ob! ¡Huesquee! ¡Tordillaaa!
Y cuando lleguemos
ya estamos allá,
y entonces, mi maña,
el pienso nos da.

Descargar partitura


Final

Descargar partitura