CENTENARIO DE LA CALESERA
Han pasado ya 100 años desde que nuestro maestro estrenó La Calesera. La zarzuela tuvo un éxito sin precedentes y se convierte en símbolo de la resurrección de la zarzuela grande. Incluso el crítico de El Sol, el más severo, comentó que este éxito de Alonso era «completo, resonante y merecido».

En Madrid se estrenó en el Teatro de la Zarzuela el 12 de diciembre de 1925 con la compañía de Marcos Redondo, de la que se hicieron 234 representaciones.
La obra giró por toda España: el Bretón de Salamanca, el Rufaza de Valencia, el Tívoli de Barcelona, el Isabel la Católica de Granada … hasta que el triunfo llegó a oídos del empresario del Théatre de L’Apollo de París, donde se hace su premier el 20 de junio de 1926 bajo la batuta del propio Alonso, y donde fueron bisados la mayoría de sus números. El teatro estaba a rebosar, en los palcos se situaron el embajador Quiñones de León, el general Jordana, el mariscal Pétain y miembros del gobierno francés. Allí la obra fue aplaudida dieciocho noches seguidas y, entre medias, el 28 de junio, se organizó una función de gala a la que asistieron los miembros más importantes del Gobierno francés y del Cuerpo diplomático.
En julio, con París rendido a sus pies, se representaron en el Theatre de L’Avenue una selección de fragmentos de La bejarana, La calesera, La verbena de la Paloma y La linda tapada.
Al año siguiente, la obra siguió girando por España y Portugal, para llegar a La Habana, Buenos Aires y México en la temporada 1927-1928.
En el año 26, la British Broadcasting Corporation de Londres dedicó un concierto al maestro Alonso con un programa que incluía la chacona de La linda tapada, el fado de La perfecta casada, la banderita de Las corsarias, el bolero de Curro el de Lora, la Danza gitana y varios números de La calesera.
Para homenajear el Centenario se representó la obra el 16 de agosto de 2025 dentro del marco del Festival de san Lorenzo de la Comunidad de Madrid y se le hizo también homenaje en el Teatro Cafam de Bogotá.
Radio Nacional se unió a esta efeméride con dos programas especiales sobre la obra, uno de los cuales cuenta con la colaboración de la hija del compositor, Carmen Alonso, y su nieto Francisco Valencia. La prensa también ha sabido festejar este año tan especial con artículos como el de Jose María Segovia, que reproducimos más abajo.
Nosotros, desde su página web, deseamos que la guapa Calesera siga triunfando en todo el mundo, como lo ha hecho hasta ahora, por lo menos durante cien años más… ¡Bravo maestro!

ARGUMENTO
La acción transcurre en 1832, en Madrid, durante los últimos meses de vida de Fernando VII.
La compañía de cómicos de Pedro García se reúne -y ensaya, por las noches- en el Café del Príncipe. Entre ellos está la hija de García, Maravillas «La Calesera», que está enamorada de Rafael Sanabria, político liberal perseguido por la policía fernandina. También está enamorada de Rafael la joven Marquesita de Albar, Elena, que se presenta en el café acompañada de su mayordomo y hombre de confianza, Calatrava, y se enfrenta a la cómica.
Rafael es herido en una refriega, por lo que Pedro García decide esconderlo, junto con Elena y Calatrava, entre los miembros de su compañía.
Descubierto por la policía, es encerrado en la Cárcel de la Corte, de donde lo liberarán los cómicos y Elena, ayudados por el bandido Luis Candelas, que desde el comienzo de la obra ha demostrado amistad y gratitud a Rafael, así como una atracción creciente por Maravillas.
Rafael se ve obligado a huir a Francia acompañado por Elena y deja en Madrid a Maravillas. Para facilitar la huida, Luis Candelas se hace pasar por él y le ayuda a burlar la vigilancia policial. En las escenas finales, Maravillas y Candelas demostrarán su capacidad de entrega a una causa que va mucho más allá de la libertad política.
HOMENAJES DE RADIO NACIONAL DE ESPAÑA, RADIO CLÁSICA
Pinchar para escuchar los podcast
RETAZOS DE LA HISTORIA
SE ESTRENÓ EN LA ZARZUELA EL 12 DE DICIEMBRE DE 1925

Sobre el papel de la partitura se volcó un frasco de tinta
Pero no pasó nada, contrariamente a lo que teme la superstición.
El maestro Alonso ha conocido a Emilio González del Castillo poco tiempo después de la llegada del músico granadino a Madrid.
Se vieron por primera vez en la casa de Enrique García Álvarez: una casa bohemia, pintoresca y desordenada, por la que continuamente desfilan gentes que viven o quieren vivir del teatro. Trabaron en seguida amistad. Se comunicaron recíprocamente trabajos y proyectos. González del Castillo leyó algunas piezas teatrales al músico. El maestro Alonso hizo oír algunos números al nuevo amigo. Un día colaboraron juntos en una obra: «Armas al hombro». Es la primera cosa de teatro que Paco Alonso estrena en Madrid.
Andando el tiempo, el músico conoce a un ingeniero que, fuera del teatro, tiene, sin embargo, una extraordinaria afición a éste. Un amigo de Alonso – Gómez Vela, secretorio de sala en el Supremo—les presenta:
– Luis Martínez Román… Un gran apasionado del teatro… Un día conocerá usted algo de él, maestro…

Son días de inquietud poética. Está reciente la fecha dolorosa de Annual. Allá, en Barcelona, el pistolerismo toma caracteres agudos; 1922 es para el español como una preocupación ensangrentada. La vida política, les necesidad de hombres y decisiones que pongan término a la situación, que por días se agrava, son tema de
comentario continuo en esta peña del café Kutz, a la que todas las tardes, cuando empiezan a encenderse las luces de la Gran Vía, va el maestro Alonso.
Un día, el nuevo amigo del músico habla a éste de una obra que quisiera darle a conocer. Quedan de acuerdo para ello. En la casa del maestro Alonso, una tarde, Luis Martínez Román lee una zarzuela que lleva el título de La calesera. La acción transcurre en Madrid de hacia 1830: una historia que incluye a Luis Candelas y a sus ideas conspiradoras.
Le gustan a Paco esos ambientes y el colorido de la trama, sin embargo, piensa que falta picardía teatral, técnica, oficio… Si un autor más experimentado arregla aquel libro, puede quedar una excelente zarzuela. Se lo expone así a Martínez Román, y unos días más
tarde hace la presentación de éste a Emilio González del Castillo.
Si tú arreglas la obra – le dice -, yo, desde luego, haré la música.
Castillo tarda en arreglar el libro de La calesera. Un día, por fin, se la entrega a Alonso. Son ya los días de 1924, El general Primo de Rivera en el Poder. Aquella anárquica situación española, que tantas veces asomaba al comentario de las tertulias, ha desembocado, necesariamente, en una dictadura. El músico empieza a trabajar: sin prisa, sin apremio, gustosamente, entregándose con calma y alegría a
cada número.
Desde aquellos primeros días de la llegada o Madrid, cuando Ia casa
de García Álvarez, cuando el comienzo de la amistad con Castillo, la vida ha cambiado totalmente para Paco Alonso. Ha tenido ya éxitos tan resonantes como Música, luz y alegría, Las corsarias, La bejarana, La linda tapada… Sus obras están centenares de noches en las carteleras, y sus números saltan a la calle con ecos largos de popularidad.
Como Alonso no tiene prisa en acabar la obra, va haciéndola despacio, escogiendo, desechando, recreándose. De vez en cuando van a su casa en la callé de Recoletos los libretistas. Se retocan, ante el piano ya, los cantables, acortando o alargando las sílabas.
Una tarde, mientras Alonso está sentado ante su mesa, González del Castillo, en la parte opuesta, vuelca, sin darse cuenta, el tintero
sobre la partitura. El músico – andaluz integral – se queda aterrado:
– ¡Tinta sobre la obra que va a estrenarse! ¿Te das cuenta de lo que has hecho, Emilio? ¡Nos has hundido la obra!
Confundido, aterrado también, el libretista se arrodilla ante Alonso, pidiéndole perdón. El músico, sin perdida de tiempo, acude al remedio y al contraveneno que Ia tradición aconseja: en estos casos hay que echar agua a la calle. Y allá va un jarro de agua, calle de Recoletos abajo. A los pocos minutos ya está un guardia en la casa.
– Esta no es hora de regar macetas…
Pero, al fin, no pasa nada, porque el guardia es hombre comprensivo y tiene también su vena de supersticioso. Posiblemente, él, en tal caso, hubiera hecho lo mismo…
Por las mañanas, desde las once hasta la hora de comer, trabaja Alonso en lo nueva obra. Por las noches, después de la cena, se dedica a instrumentar, bajo un gran silencio, hasta hora muy avanzada.
Ha empezado ya la temporada de 1925 a 1926 Alonso acaba de estrenar en Apolo Curro el de Lora, sobre letra de Manuel de Góngora. Y tiene ya muy avanzada la partitura de La calesera, que no sabe aún a qué teatro irá destinada. Hay género lírico en la Zarzuela: una buena Compañía y estrenos de importancia, que, sin embargo, no han dado el resultado que se esperaba. En las peñas teatrales se afirma que la Empresa lleva perdidos ya más de cuarenta mil duros. Al llegar enero habrá, seguramente, que cerrar. Alguien dice a la Empresa que el maestro Alonso tiene casi acabada una nueva obra. En vista de ello, le visitan y se la piden.
– De usted, maestro, depende nuestra salvación. Sí no, tendremos que dar el cerrojazo…
El músico no ha acabado su partitura. Mas como el tiempo apremia, se empieza a ensayar sin que estén todavía el total de los números. Pensando en intérpretes – figuran en la Compañía Cora Raga, Marcos Redondo y Eduardo Marcén – Alonso retoca y acaba su música a la medida de los cantantes. Mientras en el teatro se ensaya, por las tardes el maestro trabaja febrilmente en los números finaIes de la
obra. Uno de los últimos que hace es el pasodoble de los chisperos. El apunte que para él tenía lo utilizó en otra obra anterior y, por tanto, el número ha da hacerlo ahora nuevo totalmente.
No le acaba de salir, en cambio, la romanza final para Marcos Redondo. Lleva ya con ella días y días. Y el tiempo apremia. El suele ir, por las tardes, un rato a Apolo, donde tiene en cartel Curro el de Lora. Y una de esas tardes en el vestíbulo del teatro, ante una de las vitrinas en que se exponen bolsos y pieles, llega al maestro
repentinamente la frase musical que perseguía con obstinación.
– ¡Ya está!
Allí mismo, sobre la pared, la apunta en un pequeño papel pautado que lleva siempre en su cartera. La olvida después, la deja dormir, y al día siguiente la relee: «Tú me puedes olvidar. Yo jamás te olvidaré».
– Ya está la frase musical que faltaba a la romanza.
Apresuradamente traza Alonso sobre el papel de música las notas del número. Es lo único que faltaba para completar la partitura. A la copistería en seguida y a ensayar.
El estreno se ha anunciado para la noche del viernes 11 de diciembre de 1925. Llueve torrencialmente ese día en Madrid. La gente llega empapada al teatro y se encuentra con la noticia desagradable de que el estreno se ha aplazado hasta el día siguiente, por dificultades de última hora.
La noche del sábado llueve también. El propio Alonso comenta: “Con dos noches de lluvia, no vendrán de muy buen humor…».
El estreno es un éxito rotundo. Cinco veces se canta el pasodoble de los chisperos. Y tres aquella romanza escrita para Marcos Redondo casi en el umbral de la representación. Cerca de las dos de la madrugada acaba el estreno.
Al día siguiente, los periódicos hablan de «acontecimiento» y de «apoteosis». Recuerdan los grandes días de la zarzuela española. «Hacía tiempo—dice un diario—que no presenciábamos en el teatro una parecida explosión de entusiasmo».
La obra salvó la temporada y estuvo hasta el final de ésta en el cartel. Después llegó a representarse en Lisboa y en París. En esta capital, desde un palco, la escuchó el General Petain, acompañado esa noche por el embajador en Francia, Quiñones de León.
Millares de veces ha sido representada La calesera. A veces los libretistas y el músico recordaban el episodio aquel de la tinta sobre la partitura.
– ¿Veis – decía González del Castillo a Alonso – cómo los supersticiosos no tenéis razón? A pesar de la tinta fue un éxito.
– Sí – respondía Alonso – pero no por la tinta, sino por el jarro de agua que yo tiré después a la calle…
José Montero Alonso
José Montero Alonso (Santander, 1904 – Madrid, 2000) fue un destacado escritor, periodista y crítico teatral español, galardonado con el Premio Nacional de Literatura (1928, 1944) y Periodismo. Licenciado en Filosofía y Letras, desarrolló una larga trayectoria en prensa gráfica y fue un prolífico articulista.
De la biografía de Marcos Redondo: Un hombre que se va

La música, del maestro Alonso, se caracteriza por una alegría deslumbradora, y en ella se han mezclado sabiamente números llenos de gracia y picardía, como el duettino cómico del segundo cuadro, con otros de solemne factura, como la pavana o la romanza que cantaba yo. Pero sobre todo destacan el pasodoble del chispero y el canto a la libertad, sin duda el más conmovedor de todos. Es, pues, música fresca, jugosa, y sobre todo llena de españolismo. Pero nada fácil y susceptible de ser cantada con una variedad de gamas y una riqueza de matices que no puede dar más que el artista intérprete. Y yo tenía empeño en hacer de esos números algo inolvidable… La expectación por conocer la obra era impresionante. El lleno absoluto. Yo, un manojo de nervios. Desde el principio del primer acto, con una canción que bordó Cora Raga, seguida de un dúo de tiples y del conmovedor canto a la libertad –que hube de repetir dos veces–, no cesaron las manifestaciones de entusiasmo. El público había apreciado lo que de vibrante tiene la música y asimismo la magistral instrumentación… En el segundo acto gustó mucho el pasacalle coreado, con desfile, que también repetí cuatro veces, así como el dúo, pero es en el tercer acto, de gran dulzura musical y de una línea musical extraordinaria, donde tenía que jugármela, en un racconto no tan difícil en sí como quise hacerlo yo. Lo conseguí, gracias a Dios, porque ya era dueño de mí mismo y me crecía tanto como el público se me iba entregando. Sé que empezamos a las diez y cuarto en punto y el público desfilaba a las dos menos veinte”.
Marcos Redondo
Marcos Redondo Valencia (1893–1976) fue uno de los barítonos españoles más aclamados del siglo XX, considerado el último gran valedor de la zarzuela.
HUELVA INFORMACIÓN – ESPERADO HOMENAJE
Enero se despide con aires musicales. No puedo dejar pasar el recuerdo a un hombre, músico y compositor genial, andaluz, autor de una zarzuela que, después de cien años, cumplidos hace un mes, sigue cautivando a todos los enamorados de la música, y más concretamente a quienes sentimos el género de la zarzuela como una de esas bellas inspiraciones representativas de lo auténticamente español.
El pasodoble de la zarzuela La calesera, estrenado la Navidad de 1925, es sin duda la expresión más bellas de esa obra, bajo el título de Chisperos y Guardias de Corps, que perdura por su musicalidad en la mente, con el tatareo de su letra escrita por González Castillo y Martínez Román.
Francisco Alonso, autor genial de numerosas zarzuelas, revistas, y de una auténtica ópera, de la que un día les comentaré su valía oculta, ha sabido destapar la gracia y la belleza de aquel Madrid romántico de la época de Luis Candela, llenando a todas sus composiciones del alma y esencia andaluza que él llevaba en su corazón.
Sin duda alguna Andalucía sigue esperando ese homenaje colectivo a la figura del Maestro Alonso, que de forma decidida haremos llegar a la Consejería de Cultura de la Junta andaluza.
Estoy seguro de que la Sinfónica de Huelva dirigida por Francisco de la Poza, apoyará la idea y de que la Orquesta Sinfónica Colombina, se unirá en la colaboración con su director Pablo Arazo, así como el destacado grupo señero onubense del Teatro Lírico y Coros.
Francisco Alonso, amigo de Huelva, donde sus hijas Pilar y Carmen vivieron un tiempo, dándonos con su amistad la siempre presencia de su padre.
La Calesera cumplió cien años. Su música permanece y el recuerdo de su compositor, aquel inspirado granadino, es roca fuerte que detiene el paso del tiempo. Su hija, Carmen, Cita familiarmente para nosotros, es hoy día quien recoge todo el cariño de los numerosos homenajes que se están tributando al Maestro Alonso en diferentes puntos de España.
La zarzuela es un género que lleva en sus venas sangre auténticamente española, y que en los últimos años han olvidado un poco las generaciones más jóvenes. Pero su música late en el ambiente y los sones de sus notas nos traen arte y sensibilidad.
Puedo afirmar que Huelva, tan unida y aficionada a la Zarzuela, nunca olvida a tan inmortal compositor.
Jose María Segovia. 29 enero 2026
Jose María Segovia Azcárate es miembro de la Academia de Historia de Portugal, de la Real Academia Hispanoamericana, de la Göta Coldin de Suecia, de la Academia de Artes y Letras de Huelva, del Instituto Sanmartiniano de Argentina…
Medalla de Andalucía en 2023 por la Junta de Andalucía es Hijo Predilecto de la ciudad de Huelva.

