«Graná e mi arma»


Francisco Alonso López nació en Granada, el 9 de mayo de 1887.
Aprendió sus primeras letras en los Escolapios y, por deseo de su padre, llegó a iniciar estudios de medicina, pero los abandonó por su verdadera vocación: «Entre matar a mis pacientes o dejarlos sordos, prefería esto último. Y me agarré a las corcheas», diría el propio maestro años más tarde.
Desde niño sintió interés por la música y empezó a estudiarla con el profesor Antonio Segura y, posteriormente, con Celestino Villa, maestro de capilla de la catedral. A los 14 años empezó a componer pequeñas piezas de salón a piano, como polcas, mazurcas, valses…, muchas de ellas dedicadas a su familia y amigos.
Con 17 años fue el alma de un gran proyecto: la creación de la Sociedad Filarmónica Granadina. El Círculo Católico Obrero, con el apoyo del Padre Manjón, le cede para los ensayos sus salones en la Gran Vía granadina. El joven Alonso se pone al frente de la Banda de los obreros polvoristas de El Fargue y de un orfeón creado por él mismo.
Ese mismo año 1904, en noviembre, compone su primera zarzuela, La primera gracia, promocionada por el Padre Manjón y escrita para las Escuelas del Ave María que él regenta, donde se estrena en su pequeño teatro con los alumnos y Alonso acompañando al armónium.
Apenas un mes después de ese estreno, el 18 de diciembre, la Filarmónica de Granada daba su primer concierto en los salones del Círculo, donde estrena su gavota para piano ¿Se puede pasar?
En la primavera de 1905 se representa por primera vez una obra suya en un gran teatro de Granada, el Cervantes. La zarzuela se llama La niña de los cantares, Ese mismo año escribe ya otras dos, La gloria y El primer beso de amor, que nunca subieron a las tablas.
Mientras tanto, Alonso combina su trabajo de pianista con el de director musical y el 15 de octubre dirige por fin una obra suya para coro y orquesta en el Isabel la Católica: La despedida. Este es también el año en que, tras una larga enfermedad, muere su madre.

En 1906, de nuevo en las Escuelas del Ave María, Alonso estrenó otra zarzuela: El día de inocentes, cuadro lírico en tres actos con libro de Medina Olmos. A partir de ese año comienza a ser reconocida la calidad musical de las composiciones de Alonso y es premiado por la Real Sociedad Económica de Amigos del País de la Provincia de Granada con su cantata para coro a cuatro voces ¡Tierra!
También en este año, fundó en su ciudad natal una Escuela de Música, que dirigió hasta su clausura en 1911 y que constituye el antecedente directo del Real Conservatorio Superior de Música de Granada, que fue fundado en 1921.
En 1907 estrena en el Teatro Cervantes La Barquera –barcarola con texto de Martínez de la Rosa– y Serenata Granadina, ambas para coro masculino y banda. También consigue subir a escena otra obra en el Teatro de las Escuelas Pías: la zarzuela Los peligros del mentir, Op 66, con libro de Medina Olmo.
Al año siguiente, en 1908, escribe una Anacreótica para coro masculino sobre versos de José María Caparrós, y una dolora musical, Confidencias: Almas gemelas, con libreto de José de Cuenca: un entremés de cuatro personajes con una breve ilustración musical.
Este también es el año en el que el joven Alonso ve morir a su padre.
En 1909, junto a la Banda del Fargue en el Cervantes, estrena tres obras suyas: la Danza gitana, que sería premiada por el Círculo de Bellas Artes de Madrid; la Marcha mora (que en su origen fue una obra para piano a cuatro manos) y El sueño de Boabdil, un poema lírico para barítono, coro masculino y banda, sobre un texto de Aureliano del Castillo.
Desde este momento, el talento de Francisco Alonso empieza a apreciarse fuera de Granada. Así, la canción andaluza Tu ventana, Op.74, se incluye en una colección publicada en Barcelona, con poema de José Cuenca.
A partir del verano de 1909, coincidiendo con la decadencia de la actividad musical en su ciudad natal, Alonso abandona la dirección del Coro de la Filarmónica, pero continuó con sus compromisos en la Banda de El Fargue.
Mientras tanto, escribe cinco obras escénicas junto a sus amigos Venancio Herreros y Luis Guarnerio como libretistas: Un patio del Albaicín, Castillitos en el aire, La cruz de los ángeles, La instantánea de Perico y Almas grandes, todas ellas estrenadas en el Teatro Cervantes en la temporada de 1910-1911 y todas con la compañía de Antonio Guarddón.
Con esta experiencia a sus espaldas y sabedor de que su amada ciudad se le queda pequeña, Alonso decide trasladarse a la capital. Sus dos hermanos y sus amigos se despiden de él el 12 de marzo con un emotivo banquete de despedida en el Hotel París. Paco toca algunas obras al piano e improvisa una pieza que terminaría siendo ¡Mi adiós a Granada! En su tarjeta, que aún conserva la familia, tras el Sr. D. de imprenta, figura con su caligrafía inconfundible: «Francisco Alonso, compositor y festejado»
El 15 de marzo de 1911 parte a Madrid desde la Estación Sur. No obstante, Granada siempre estuvo muy presente en su vida y en su obra y, nada más llegar a la capital, le dedica Graná e mi arma, un pasodoble entrañable que desgrana la luz y la alegría de la niñez y la juventud de quien, a partir de ese momento, sería llamado el maestro Alonso.
En el año 2003, la familia del maestro hizo una donación de todos sus materiales pertenecientes a la etapa granadina de Francisco Alonso al Centro de Documentación Musical de Andalucía (CDMA). Este legado contiene documentos del propio Alonso, así como otros pertenecientes a su familia y relacionados con él. Son en total 352 documentos, de los cuales 202 son grabaciones sonoras, 19 piezas de música impresa, 92 piezas de música manuscrita y 39 rollos de pianola.
En el Museo Casa de los Tiros de Granada ha quedado dormido su piano Bechstein y diversos objetos personales que están depositados para su exhibición pública permanente.
