La niña de los cantares (1905)
Texto: Raimuindo Domínguez García y Venancio Herreros Galdeano
Nº3 bis. Oído a la caja
Anica:
Buena noche de jaleo, señá Rosa.
Vecina:
Y tan buena.
Rosa:
Como es día de mi Carmela, se empeñaron en festejarlo por un lao ella y por otro su novio y no hubo más remedio que consentirlo.
Anica:
Hizo osté bien: a las monitas de su edad hay que darles gusto, porque si no…
Rosa:
Se lo buscan ellas.
Pulguita:
Buen percal ha venío, maestro.
Antonio:
Na: percal y de to mu bonito y mu barato, pero después to el género te lo encuentras apolíyao.
Amigo:
Pues asté se le van los ojos detrás de algunas curvas.
Antonio:
Ya lo creo, como que hay aquí varias mocitas que se traen más ondulaciones que una carretera del estao. Sin ir más lejos, ahí tenéis a la Faustina. ¡Más movimiento niña!
Faustina:
No pué ser, que es baile de sociedá.
Amadeo:
¡Carape! Se nos ha ido el compás.
Angustias:
¿No bailas Pulguita?
Pulguita:
No tengo pareja.
Antonio:
Es que duelen los pies de estar sentao.
Amigo:
Si tuviera nuestra edad.
Antonio:
Está osté errao con hache: a nuestra edad nos quieren las muchachas más. En primer lugar, porque nos gastamos los cuartos que es una bendición, y en segundo porque nos pasa como a Quevedo, que ni subimos, ni bajamos, ni nos estamos quietos. ¿Osté entiende?
Amigo:
Ja! Es osté mu largo señor Antonio.
Antonio:
Como que soy barbero.
Rosa:
Vaya niñas, descansad un ratico que esta pieza se va haciendo larga.
Anica:
Déjelo osté, señá Rosa, cuanto más larga mejor.
Rosa:
Es que también hay que beber.
Antonio:
Yo pensaba que la bebía era sólo pa los que no bailaban.
Rosa:
¡Ea! Ya pueden ostedes acabar.
Mozo 1:
Vamos a buscar la conclusión. ¡Oído a la caja!.. una, dos y tres… ¡Ahí queda!
