Las verbeneras 3

Las verbeneras (1928)
Texto: Emilio González del Castillo y Anita Prieto.
Chiquilla chamberilera

Yo salí del taller,
a mi lado se acercó;
me miró, sonreí
sin querer, ¡soy así!
¡qué iba a hacer!
Por la acera
eché a correr,
y él pegao 
detrás de mí.
Fue y me habló,
yo le oí, le creí,
¡todo fue sin querer!
«Negra guapa» – me decía
«vamos juntos de verbena»
no te niegues, vida mía».
Y nos fuimos, qué iba a hacer
y sus besos sentí arder
en el baile junto a mí y le huí…
Soy mujer, y volví y cedí,
sin querer.
«¿Me quieres?» – me dijo
así al volver – 
«Chiquilla chamberilera
si pasas por esta calle
te pasas a la otra acera,
que estoy celoso
de tu gracioso mantón
de talle.
¡No vayas a la verbena!
chiquilla de mis amores,
no vayas que me da pena,
que cuando pasas se vuelven
todos a echarte flores.

Toda mi ansia de mujer
puse yo en aquel traidor,
sin temor, sin saber,
y lloré de dolor por querer,
se marchó y no ha de volver,
me decían sin cesar.
Pero yo, ¿qué iba a hacer?
¿Cómo lo iba a creer?
¡Vuelve, vuelve!, repetía
pronto llega la verbena
Fue tan grande mi alegria,
que esta pena no pue ser.
La verbena al fin llegó,
su sonar alegre oí, y volvió,
lo que a mí me cegó.
¡Todo, sí, pero él no!
¡Verbena! y así lloraba yo:
«Chiquilla chamberilera
ya no pasa él por tu calle
que cruza por la otra acera
porque no quiere ver
tu gracioso mantón
de talle.
¡No vayas a la verbena!
con uno que luego olvida,
que cuesta llorar de pena
y la amargura después,
te dura pa toa la vida.

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