Curro el de Lora

Curro el de Lora (1925)

Género: Zarzuela andaluza en dos actos.
Texto: José Tellaeche y Manuel de Góngora.
Música: Francisco Alonso.
Estreno: 25 de octubre de 1925, en el Teatro Apolo, de Madrid.
Intérpretes del estreno: Selica Pérez Carpio (Lola Cortés), Eugenia Galindo (Trini), Carmen Andrés (Señá Angustias), José Marín (Curro el de Lora), Lino Gallego (Richemond), Sr. Iglesias (Ecijano), Jesús Navarro (El montañés), Francisco Gallego (Richemond), Srta. Oirón (una gitana). Dirección de escena de Mario Victoria.

Sinopsis: En un cortijo cordobés, Lola, Trini y otros personajes asisten al apartado de los toros. Trini, a la que Richemond (un extraño individuo de origen francés) pretende conquistar, es atacada repentinamente por un toro y salvada por un misterioso hombre que resulta ser Curro, un antiguo amor de Lola. Ahora los antiguos enamorados se desprecian. En el segundo acto, Lola y Trini están prisioneras en una cueva, pero logran escaparse. Curro se siente de nuevo atraído por Lola, a la que otro hombre pretende. Trini y Richemond deciden casarse y, durante la boda, Curro y Lola vuelven a reencontrarse.

Curro el de Lora, pese a su indudable valor musical, pasó bastante desapercibida en su momento y apenas estuvo quince días en cartel.

La acción se sitúa en Córdoba hacia 1847, lo que permite incorporar tipos legendarios y populares andaluces, como el del bandolero fuera de la ley por una razón sentimental. Todo en Curro el de Lora responde al noble propósito de hacer una gran obra de arte a partir de elementos populares. Nos encontramos ante una música de garbo y elegancia orquestal en la que campea la copla andaluza, la melodía llena de sentimiento que se quiebra improvisadamente en bravo arranque.

El 8 de septiembre de 2007 se reestrenó Curro el de Lora en el Teatro Monumental de Madrid. Inmediatamente se publicó, en el sello RTVE-Música, un CD y un DVD que recogen el concierto en directo. Los herederos del compositor y la Orquesta y Coro de RTVE hicieron posible esta recuperación, en la que colaboraron la Sociedad General de Autores y Editores, la Fundación de la Zarzuela Española y KL Ópera en la producción artística.

Según Juan de Udaeta, responsable de la edición crítica y director de orquesta de la grabación, Curro el de Lora era para el maestro Alonso un proyecto muy querido, ya que con él pretendía iniciar una serie de obras más ambiciosas que se enmarcaban en una corriente más amplia de recuperación de la zarzuela.

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Curro el de Lora en tiempos modernos

por Concha Gómez Marco

A Francisco Alonso se le debe una buena parte del éxito de la zarzuela en la primera mitad del siglo XX. El compositor se impone en los escenarios en el año 1919. Lleva poco más de diez años estrenando zarzuelas, sainetes, fantasías y revistas, pero es con Las corsarias, una humorada llena de atrevimiento con la que alcanza un éxito delirante. La obra transciende a todos los ámbitos y especialmente el pasodoble “Banderita”, que se asocia enseguida a los soldados de la Guerra de África y gracias al cual obtendrá la Cruz de Alfonso XII. A partir de entonces Alonso continuará dedicando mucho tiempo y esfuerzo a obras de carácter ligero, sin abandonar su verdadera vocación que fue triunfar con la zarzuela grande. A esta realidad se sumará el sueño de la ópera. Curro el de Lora será la obra con la qué estará a punto de alcanzarlo.

En aquellos años, Alonso se disputa la popularidad en los escenarios madrileños con Jacinto Guerrero. También otros autores como Luna y Millán serán serios contrincantes, aunque todos ellos sean amigos fuera del teatro. Para cualquiera, el estrenó en 1923 de Doña Francisquita supone la aparición de un modelo a tener en cuenta. La sencillez y la eficacia del argumento, la finura de su escritura musical con la inclusión de números vocalmente comprometidos y de mayor entidad que los que habitualmente definían el género, la popularidad que sin embargo alcanzan muchos de ellos, convierten la obra en una referencia inevitable. Así en 1924, Alonso compone La linda tapada con libreto del experimentado autor y redactor de El imparcial, José Tellaeche, y, en mayo de ese mismo año, La bejarana, escrita en colaboración con el catedrático del conservatorio madrileño Emilio Serrano y libreto de Luis Fernández Ardavín. El “Pasodoble de los quintos” fue un número que tocó la fibra sensible del pueblo y alcanzó una gran difusión. Doña Francisquita y La bejarana fueron, respectivamente, el primer y último éxito de una temporada histórica en el madrileño Apolo.

Poco después, el 29 de octubre de 1925, se estrenó Curro el de Lora, asainetada zarzuela en dos actos, que fue considerada por Alonso uno de los puntos culminantes de su carrera como compositor lírico. La obra nació con intención de superar los cánones habituales del género, hasta tal punto que Alonso llegó a considerar la idea de convertirla en ópera. El relativo éxito de la producción, con la que se inauguró la temporada en el Apolo, impidió que esta intención pudiera llegar a materializarse.

Curro el de Lora partía de un libreto de Tellaeche y Manuel de Góngora, poeta y dramaturgo que llegaría a ser corresponsal del periódico ABC en Argentina. Dos días antes del estreno, Tellaeche y Góngora hacen una aproximación a la obra. Explican en La voz que han tomado como punto de partida “una sencilla historia de amor; un hombre bueno y generoso, pero bravío y rectilíneo, frente a una mujer de corazón, arriesgada y voluntariosa que ‘tocante al querer sólo tiene por ley su capricho’ (tipos que dio la raza, y plegue a Dios siga dándolos, porque ello es a costa de sus defectos, vitalidad y reciura): la fatalidad, ‘lo que esta de Dios’, obrando como reactivo; un ambiente pintoresco y español, quizá, ¡ay!, explotado no siempre con miras artísticas”.

La obra se mantuvo quince días en cartel en un teatro muy concurrido de gente y alternando escenario con Encarna la Misterio, de Soutullo y Vert y Don Quintín el amargao de Jacinto Guerrero. Chispero explicará que se perseveraba “en la funesta costumbre de ofrecer al público obras en dos actos formando sección completa cada una de ellas, con lo que a la chita y callando, se había dado fin al famoso teatro por horas que caracterizó al género chico y lo llevó a su máximo apogeo”.

Tras el estreno llegan las opiniones críticas. Melchor Fernández Almagro en La época habla bien de los libretistas y precisa sobre la música: “Los ritmos populares certeramente conquistados en su animosa exploración, se diluyen en un mar de sonoridades cuya amplitud parece exceder de los dominios que cotidianamente señorea músico tan experto en melodías fáciles y callejeras y de esas que cosquillean en el oído y tarareamos todos por mucho tiempo […] De suerte que en esta labor de ahora la musa de Alonso ha perdido en espontaneidad lo que ha ganado en alteza de propósito […] No ha hecho esta vez el número que decide, el de bandera”. A esta opinión replica el crítico de El sol: “Su musa franca, graciosa y melódica sin afectación surge en el elogio de la manta jerezana, en la canción de la navaja, en el bonito intermedio […] lleno de luz y de alegría”.

A partir de este momento todas las opiniones sobre Curro el de Lora, se centrarán en el debate sobre la identidad musical de la obra. Parece que a los críticos ha desconcertado esta música que pretende ir más allá de lo que hasta ahora ha hecho en clara sintonía con el género más ligero. Por eso el crítico de El debate señala la categoría del texto:“El libro es de una dignidad artística y de una honradez literaria rara en estos tiempos y rebosa aciertos y bellezas como la elección del ambiente: Andalucía a mediados del XIX. Verso limpio, sonoro y castizo”. Y el argumento le sirve para matizar algún aspecto de la partitura: “El propósito de hacer algo grande pesa sobre Alonso y le quita esa espontaneidad suya, tan grata; se extiende demasiado en los números y resta efecto a aquellas delicadezas que hay en todos. Allí esta Andalucía, al comienzo del Brindis, en la canción de la navaja, el dúo, en la tempestad y en el final, donde une motivos populares y cantos religiosos sobre el fondo del órgano y de las campanas”.

En realidad la crítica pone de manifiesto todo aquello que Alonso había pretendido y que por lo visto era lo que había desconcertado a quienes escucharon la obra. Así lo explica el crítico El sol:“El maestro Alonso, ha compuesto una frondosa partitura, abundante en sonoridades y conducida, casi por entero, sobre los ritmos españoles. Algunos números andaluces, una canción gallega, un tango cubano”. El resumen lo hace El heraldo de Madrid: “Todo en Curro el de Lora, responde primordialmente al concepto de dignidad estética que, si siempre es esencial y necesario, resulta más indispensable en el género zarzuelero, tan mancillado y maculado por toda suerte de despropósitos, bajos arbiticios y pequeñas cuquerías. Todo en Curro, desde la enjundia dramática y popular del acento y la bella castiza prestancia poética hasta la composición temática de la partitura; desde el garbo cálido y humano de la expresión verbal hasta la gracia mórbida de la cadencia flamenca con que la música mece todas las melodías; desde el profundo sabor andaluz tan poéticamente depurado sin tergiversaciones hasta la vena popular que es en la partitura razón de belleza y luz de eternidad”. Resumiendo y en palabras del crítico de La voz: “Curro el de Lora puede situarse en un plano muy superior a las obras líricas que se han estrenado esta temporada. Dominador de la orquesta, conociendo todos sus efectos y recursos, las páginas de la zarzuela, suenan a ‘buena música’”.

La historia de Curro está protagonizada por Lola Cortés y su amiga Trini, dos majas de rumbo; Richemond, un personaje de sainete que desentona de los demás por sus maneras y vestuario al estilo del segundo imperio, y forma pareja cómica con Trini; y Curro, el protagonista, famoso bandolero que asesinó a un hombre por amor. La obra, así lo cuenta Javier Suárez Pajares, permite entremezclar números de carácter diverso. Los hay de lucimiento como el canto de los bandoleros en su guardia nocturna ante la guarida del Montañes (núm. 6: “Luz de aquella estrella”), y la romanza que canta Curro a su navaja (núm. 11: “En la feria de Marchena”). También aparecen números cómicos como los protagonizados por Richemond y Trini (núm. 5: el tango del Kikiriki), y el dúo (núm. 8: “¡Por Dios no alcéis la voz!”). Entre las situaciones líricas más representativas están el dúo de Lola y Curro (núm. 4: “Tú eres otro y yo también”), el raconto final de Curro (núm. 7: “De nuevo al verla”), y el famoso bolero (núm. 10). Esta página orquestal se pudo escuchar modernamente en el concierto homenaje al maestro Alonso celebrado con motivo del cincuentenario de su muerte, en 1987, en el Palacio Carlos V de Granada dentro del Festival Internacional de Música y Danza. La interpretación estuvo a cargo de la Orquesta Sinfónica de RTVE dirigida por Miguel Ángel Gómez Martínez. Entre los intérpretes que participaron en el estreno de la obra destacaron Sélica Pérez Carpio, como Lola, quien acababa de incorporarse a la compañía del Apolo para interpretar La bejarana, José Marín como Curro, Lino Gallego en Richemond y Eugenia Galindo en Trini. La dirección de escena fue de Mario Victoria.