El club de las infortunadas (1919)

Género: Farsa cómico-lírica en un acto.
Texto: José López-Pérez y Jesús Luengo.
Música: Francisco Alonso.
Estreno: 19 de abril de 1919, en el Teatro Martín, de Madrid.
Intérpretes del estreno: Carlota Paisano (Paquita, madroño madrileño, clavellina), Casta Labrador (Mercedes), Juana Colina (Doña Timotea, ), María Berri (Presenta, madroño madrileño), Concha Girón (Milagros, madroño madrileño), Isaura Montero (Carmen, madroño madrileño), Luisa Quirós (maniquí 1, madroño madrileño), Dolores Prado (maniquí 2, madroño madrileño), Mercedes Salas (la enredadera), Eduarda Torá (un botones), Esperanza Sánchez (oficiala 1, campanilla) Glafira Torá (oficiala 2, clavellina, campanilla), Isaura Montero (madroño madrileño), Luisa Opellón (clavellina), Julia Fernández (clavellina), Pilar Aceves (clavellina), Fuensanta Gallardo (clavellina), Julia Martín (clavellina), María López (campanilla), Dolores Pacheco (campanilla), Tomasa Pérez (campanilla), Josefa Fúster (campanilla), Esperanza Sánchez (campanilla) Faustino Brentaño (Don Nicanor), Luis Heredia (Feliciano), Eugenio Morales (El gran duque Geráneo). Pablo Estelles, Francisco Alventosa, Francisco Loygorry y Pedro Paisano (la flor de los poetas). Escenografía: Tomás Gayo. Vestuario: Casa Izquierdo. Director de escena: García Ibáñez.
Sinopsis: El club de las infortunadas lo forman mujeres que se ven ninguneadas por sus maridos. La Presidenta, Mercedes, recibe a Paquita, la dueña de una sombrerería, que está desesperada por las infidelidades de su marido. Para remediarlo, Mercedes inventa toda una farsa que sucederá en una finca de Segovia, donde harán creer a Nicanor que es un rey dueño de un harén.

El primer cuadro sirve como presentación de los personajes en la sombrerería; el segundo nos lleva al Puente de los Franceses, en Madrid, donde Nicanor ha quedado con Mercedes para seducirla. También está Feliciano, marido de Paquita, entre todos le drogan y le secuestran.
Ya en Segovia, Nicanor entra en una fantasía plagada de mujeres que hacen sus delicias, son rosas, margaritas, hortensias, madroños… y él es su rey, el rey clavel. Finalmente es a su propia mujer a quienes los hombres hacen carantoñas, por lo que no tiene más remedio que aplacar su sed de amores (claro, en teoría).
Fue muy aplaudida la escenografía de Gayo con un dibujo precioso del Puente de los franceses de Madrid. A resaltar, el pasodoble de esta obra, «En los madroños de mi vestido». Su pegadiza estructura rítmica y poética sirvió como molde exacto sobre el que el Maestro Alonso armaría, meses más tarde, el vibrante crescendo final de la mítica «Banderita» en Las corsarias.
A las 39 representaciones en la temporada de estreno se sumaron 46 más en el otoño de 1919.

