La castañuela

La castañuela (1931)

Género: Zarzuela en tres actos.
Texto: Emilio González del Castillo y José Muñoz Román.
Música: Emilio Acevedo y Francisco Alonso.
Estreno: 28 de enero de 1931, en el Teatro Calderón, de Madrid.
Intérpretes del estreno: Felisa Herrero (Castañuela – soprano dramática), Flora Pereira (Colasilla), Ramona Galindo (Agustina), Soledad Escrich (Doña Mariquita), Mercedes Salgado, Luisa Montero (Comediantas), Pablo Gorgé (Godoy – bajo), Rogelio Baldrich (Don Diego – tenor), Eduardo Marcén (Alifonso), Vicente Carrasco (el Rondeño), Manuel Hernández (Teófilo -tenor cómico), Victoriano R. del Castillo (Don Lolo – barítono), Enrique Gandía (Hinojosa), Miguel Pros (Pedro, Don Agustín), José Palomo y Manuel Larrica (Golillas), Jesús Fernández (El mellao), Eloy Parra (El caireles), Manuel García (un majo). Decorado de García y Ros. Sastrería de Peris Hermanos. Director de orquesta: Emilio Acevedo
. Compañía Lírica del Calderón dirigida por Moreno Torroba.

Sinopsis: La acción arranca de noche en el patio cubierto de un mesón madrileño profusamente iluminado. En escena se encuentran El Rondeño, un torero viejo, junto a varios majos, manolas y clientes. El ambiente es festivo y popular, marcado por las murmuraciones sobre la corte.
Hace su entrada Castañuela, aclamada por todos. Ella confiesa su amor por Don Diego, un joven noble que no oculta sus ideas contrarias a los gobernantes. El peligro se personifica cuando aparece en el mesón el propio Manuel Godoy, el hombre más poderoso de España, quien confiesa estar obsesionado con la joven y abusa de su posición para intentar cortejarla y someterla a su voluntad.
En el segundo acto Godoy descubre los lazos ideológicos de Don Diego contra la corona. El valido utiliza esta información de manera directa: amenaza con ejecutar a Diego por traición a menos que Castañuela ceda a sus deseos carnales y políticos. Diego se niega a huir o a permitir que la joven se sacrifique. Mientras tanto, los soldados reales (los Dragones del Rey) vigilan las calles, creando una atmósfera de opresión militar contrarrestada por los cantos de los estudiantes y el pueblo llano.
En el tercero, los esbirros de Godoy intentan capturar a Diego de forma definitiva. Sin embargo, la astucia de Castañuela combinada con la intervención en masa del pueblo de Madrid (majos, chisperos y «golillas») boicotea los planes de las fuerzas oficiales. Mediante engaños escénicos y la valentía de los protagonistas, logran burlar al valido. Godoy se ve obligado a desistir de sus propósitos para evitar una revuelta popular mayor, permitiendo que Diego salve la vida y se una definitivamente con Castañuela.

Ambientada en el reinado de Carlos IV, representa una gran ocasión para la aparición de majos, toreros, aristócratas, militares, petimetres, toda la serie de personajes propios de esta época, que aparecen envueltos en la música colorista de su tiempo: seguidillas, boleros, tiranas, además de los típicos dúos, romanzas y concertantes propios de la zarzuela.

Aunque la obra fue un gran éxito musical, la estructura del libreto provocó una reacción muy curiosa en los asistentes. El célebre compositor y crítico musical Joaquín Turina recogió en su reseña de la época que el público se quedó un poco desorientado al llegar al tercer acto. Esto se debió a que el primer acto fue planteado como una zarzuela grande de tono histórico serio, pero en el segundo acto los libretistas metieron escenas humorísticas típicas del «juguete cómico». Ese brusco vaivén entre el drama de Godoy y los chistes populares descolocó a los espectadores de la noche del estreno.

Para asegurar el tiro con una obra tan compleja, Alonso confió el papel principal a la tiple Felisa Herrero. Herrero era considerada el «amuleto» de Alonso tras haber protagonizado años antes el arrollador éxito de La Calesera (1925). En el estreno de La castañuela, la actriz salvó los baches del guion gracias a su arrolladora presencia, haciendo que números como el Bolero se tuvieran que repetir por aclamación popular

De éxito rotundo se calificó la obra el día del estreno, que terminó pasadas las dos de la mañana con todos los bises acumulados. Entre sus números musicales, merecen escucharse con atención un «Dúo cómico»; en el segundo acto, la «Canción de la Castañuela», en el acto final, un simpático Coro de golillas; la vistosa «Serenata de los dragones» y, sobre todo, un espectacular, artístico y brillante Bolero, cargado de intencionalidad y desdén.

La obra llegó a 83 representaciones en el Calderón.