La danza de los velos

La danza de los velos (1919)

Género: Zarzuela cómica en un acto.
Texto: Manuel Fernández de la Puente.
Música: Francisco Alonso.
Estreno: 25 de febrero de 1919, en el Teatro Martín, de Madrid.
Intérpretes del estreno: Carlota Paisano (Diana), Casta Labrador (Cu-cú), Mariquita Berrri (la negrita), Sra. Colina (doña Catalina), Sra. López Romero (doña Cordelia), Juanita Quirós (Soledad), Faustino Bretaño (don Acisclo – tenor cómico), Morales (don Gregorio), Casimiro García Ibáñez (Minlganilla y Crick), Luis Heredia (Periquín), Leopoldo Estellés (Silverio), Fausto Martí (Crack), Pepe Soler (Remigio), Amparo Opellón (la señora de Minglanilla), Sra. Martín (la suegra de Minglanilla), Enrique Gálvez (regisseur), Carlota Paisano, María Carriedo, Guadalupe Tora y Elena Tora (los velos verdes), Casta Labrador, Julia Fernández, Mercedes Vera y Consuelo López (los velos encarnados), Juanita Quirós, Francisca Fúster, Carmen Pacheco y Filomena Fernández (los velos blancos), Josefa Prado, María Pérez, Aurora Sánchez y Felisa Gallardo (los velos negros). Director de escena: García Ibáñez. Escenógrafo: Tomás Gayo. Vestuario: Serrano.

Sinopsis: Diana y Cu-cú son dos cupletistas que trabajan en el Salón rojo y que quieren ir al Baile de las odaliscas del Palace, para ello van a empeñar sus mantones de Manila a una tienda de empeños cuyos dueños son Acisclo y su esposa, doña Catalina. Allí trabaja Periquín, que está, junto a su amigo Silverio, en amoríos con las cantantes. El viejo las invita a ir allí junto con otro amigo, Gregorio, que es un comerciante con dinero. El primer cuadro se escenifica en esta tienda, donde madrileños van a empeñar todo tipo de objetos.

En el segundo cuadro los seis protagonistas se encuentran en el camerino del Salón rojo donde, tras un biombo, ellas se están cambiando para su número. En el sexteto los dos viejos están intentando ver a las chicas en paños menores mientras Periquín y Silverio encuentran la manera de vengarse de ellos.

Ya en el Palace, los chicos han invitado al baile a Catalina y Cordelia, las mujeres esposas de los viejos. Ellas acuden ocultas tras los velos y, durante el número musical, se lían a bofetones con sus propios maridos al descubrir sus intenciones de serles infieles con las cupletistas.

Tanto en esta obra como en Los sabios doctores tocan una banda de Tziganes. Al parecer estaba de moda en los hoteles de lujo tener estas bandas de gitanos, que en realidad se refería a un estilo específico de orquesta de cuerda muy refinada, inspirada libremente en el folklore centroeuropeo (húngaro, rumano y bohemio). Estaban formadas por músicos de conservatorio muy virtuosos (violines, pianos, cellos).

La obra fue todo un éxito, según una crítica los actores y los autores salieron a saludar 9.757 veces y se llegó a las 82 representaciones.