Matricula de honor

Matrícula de honor (1916)

Género: Juguete cómico-lírico en un acto.
Texto: Francisco García Pacheco y Luis Grajales Lacalle.
Música: Francisco Alonso.
Estreno: 20 de junio de 1916, en el Teatro Novedades, de Madrid.
Intérpretes del estreno: Carlota Paisano (Rosita – tiple), Mercedes López Romero (Doña Nicasia), Srta. Quirós (Lulú), Srta. Girona (Lolo, Dominadora 2), Clotilde Romero (Doña Balbina), Pilar Sigler (Julia), Srta. Mira (María, Dominadora 4), Aurora Peris (Veremunda, Dominadora 3), Teresa Manzano (Clarita), María Ramiro (Marcelita), Srta. Quirós (Dominadora 1), Srta. Sánchez Martín (Posadera), Antonio García Ibáñez (Fructuoso – tenor cómico), Vicente Gómez Bur (Teodolindo – tenor cómico), Julio Llorens (Don Holofernes, Alacrán), Manuel Alares (Celedonio, Valentín), Tomás Codorniú (Tío Juan), José Vega (Camarero), Sr. Rodríguez (Un arriero), Federico Aznares (Bañista 1), Sr. González (Bañista 2). Coreografía: Maestro Antonelli
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Argumento: La trama no surge de un idilio amoroso, sino de una urgencia mercantil y hereditaria. Los padres de Teodolindo —dueños de una zapatería tradicional en Madrid— operan bajo una doble moral: se muestran como ciudadanos devotos y estrictos, pero están dispuestos a corromper la extrema e ingenua pureza de su hijo con tal de no perder la fortuna de un tío indiano afincado en Nueva York. La condición del testamento es clara: Teodolindo debe casarse de inmediato, pero el muchacho está tan sumido en la beatería y el aislamiento social que es incapaz de articular palabra frente a una mujer.
La ironía del motor dramático radica en que, para salvar la decencia económica de la familia, es necesario provocar deliberadamente la «corrupción» moral del joven.
Para ejecutar esta transformación, los padres recurren a la oveja negra de la familia: el tío Fructuoso. Este personaje representa el arquetipo del buscavidas del Madrid de la época. Fructuoso es un antiguo maestro de escuela represaliado y expulsado por las autoridades debido a su conducta disipada. Reconvertido a la fuerza en contable de la zapatería, posee el ingenio, el conocimiento de los bajos fondos y la falta de escrúpulos necesaria para la misión.
La genialidad del libreto es el paralelismo pedagógico: Fructuoso asume la educación de su sobrino no como una juerga, sino como una asignatura académica formal. El burdel, el juego y la noche madrileña se convierten en las «aulas» donde Teodolindo debe examinarse.
En los dos primeros cuadros, el costumbrismo de la zapatería choca con las lecciones de Fructuoso. El choque cómico se produce cuando Teodolindo intenta aplicar sus rezos y su lógica monacal a los primeros estímulos mundanos, incluyendo clases aceleradas de schottisch y picardía urbana.
En el tercer cuadro, la acción se traslada a un balneario aristocrático. Este espacio representa el lujo cosmopolita y la frivolidad burguesa. Aquí, el espectador observa cómo Teodolindo ya no solo es un sujeto pasivo, sino que empieza a integrarse en la dinámica del flirteo y la moda (marcada musicalmente por el moderno fox-trot). La timidez clerical cede ante el deseo de estatus y validación social.
El desenlace en el cuarto cuadro sitúa a los personajes en un automóvil en una carretera de Aragón, el símbolo máximo de la modernidad, el progreso y la velocidad de 1916. En plena carretera, Teodolindo culmina su metamorfosis: desinhibido, pícaro y espabilado, demuestra haber asimilado las lecciones de «vicios controlados» impuestas por su tío y acaba casándose con Rosita, la hija del tío Fructuoso.

El Heraldo, que también publicó una foto de la obra, decía en su crítica: Al buen éxito contribuyeron, en primer término, Carlota Paisano, muy expresiva y muy intencionada; el beneficiado y García Ibáñez, y luego, en su plano secundario en la obra, las Srtas. López Romeros, que será una buena característica, Girona y Quiros y los Sres. Lloréns, Alares y «tutti quanti». Gustó mucho un «fox-troot» puesto por el maestro Antonelli y bailado por la Paisano y Gómez Bur. Y El Imparcial: El maestro Alonso ha servido las situaciones musicales con números frescos y ligeros. Se aplaudieron todos y se repitieron varios.

En el Periódico de la mañana se reseñaba: La partitura del maestro Alonso tiene dos números verdaderamente notables: el dueto cómico del primer cuadro y el bailable del tercero. Los dos fueron repetidos entre grandes ovaciones, Lo restante de la música se escuchó también con gusto.

La muy buena acogida hace que la obra se reponga en el Martín la siguiente temporada y se lleve a teatros de provincia como Córdoba, Valladolid, Valencia, Barcelona o Canarias e incluso al Teatro de la Comedia de Buenos Aires.