La danza de los velos

La danza de los velos (1919)
Texto: Manuel Fernández de la Puente
Luciendo el mantón airoso

Diana y Cucú: 
Buenas tardes. 

Acislo:
(Qué dos hembras, santo Dios.)

Diana:
Anda, chica.

Cucú:
Tú primero. 

Acislo:
(Son guapísimas las dos.)

Diana:
Pues venimos…

Cucú:
Pues venimos…

Acislo:
Sin temor pueden hablar.

Diana:
Pues venimos con objeto… 

Cucú:
Con objetos que empeñar.

Acislo:
¿Y siendo tan bonitas 
así se ven?

Diana:
Amor es un tirano. 

Cucú:
Dices muy bien.

Acislo:
Vengan, pues, esos objetos 
que desean pignorar.

Diana:
Dos mantones de Manila
de primera calidad.
(Cada una trae un mantón de Manila envuelto en un periódico.)

Cucú:
Fíjese que peso tiene. 
(Por el suyo que deslía.)

Diana:
Este mío es superior. (ídem.) 

Acislo:
No es posible así tasarlos. 
Verlos puestos es mejor.

Diana y Cucú: 
Si no hay otro remedio,
me lo pondré.
(Se ponen los mantones.) 

Acislo:
Estaba por gritarles…
¡Alza y ole!

Diana y Cucú:
Luciendo el mantón airoso, 
cuántos triunfos he logrado,
lo mismo yendo a la playa 
que cantando en un tablado. 
Porque, aparte la belleza, 
que ya en sí tiene el mantón, 
este cuerpo y esta cara
hay que ver con atención.
¿Le gustan, le gustan,
le gustan los mantoncitos? 

Acislo:
Y los cuerpos que los lucen 
que son mucho más bonitos.

Ellas:
¡Aparte, aparte! 

Acislo:
¡Qué clase más superior!

Ellas:
Pues debajo hay otra tela 
que es muchísimo mejor.

Adiós, mantoncito mío, 
prenda de mis alegrías,
que como brazos amantes 
a mi cuerpo te ceñías.
Tú que sabes con la pena 
que a dejarte voy aquí, 
pide a Dios, como yo pido 
volver pronto junto a mí.

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