La corte de los gatos (1926)

Género: Humorada cómico-lírica en un acto.
Texto: José Tellaeche y José de Lucio.
Música: Francisco Alonso.
Estreno: 4 de marzo de 1926, en el Teatro Martín, de Madrid.
Intérpretes del estreno: Clara Fenor (Florinda, Comedianta, Chispera 1, Primorosa, Artillera 1), Carmen de Granada (La historia, Artillera 3), Luisita Wiedem (Paloma, Gatita 1, Chispera 2), Srta. Palomares (Pecadora1, Artillera 2), Sra. Benítez (Una dueña), Lino Rodríguez (Cayetano), Luis Bori (Un fraile, Sidonio), Sr. Alba (Caballero 2, Majo 1), Sr. Cumbreras (Don Rodrigo). Director: Luis Bori. Decorados de García y Ros
Sinopsis: un castizo hijo de Madrid que, en lamentable estado de embriaguez, da con su cuerpo en tierra en las escaleras de la Academia de la Historia, se queda allí dormido mientras escucha a unas gatas madrileñas cantar un fox.
La Historia se apodera de él y lo lleva al Madrid de Florinda la Cava y del rey Don Rodrigo primero, para partir más adelante a siglo XVI, en las gradas de San Felipe.
De ahí, los dos legan al Madrid del Avapiés, con sus majas y sus chisperos en la Pradera del Manzanares para terminan en un futuro (el suyo) en el que mandan las mujeres y la Plaza de la Cebada ha pasado a llamarse el Mercado de Heno de Pravia.
El libro de La corte de los gatos fue calificado por la crítica como interesante, curioso y entretenido, con los necesarios elementos picantes que demandaba el público del Martín.
La obra, presentada con el lujo habitual de estos espectáculos, tenía una música pegadiza y agradable. De sus distintos números, todos repetidos el día del estreno, fueron elogiados el chotis, un pasodoble que se resuelve en un bolero, unos cuplés que cantaron a dúo los Sres. Bori y Rodríguez, la consabida y apoteósica marcha final y, sobre todo, el «foxtrot de las gatitas», protagonizado por la bellísima Luisita Wiedem, acompañada por las segundas tiples de la compañía.
El maestro escribió sólo esta obra en todo el año 1926. Tras el tremendo éxito de La calesera y Curro el de Lora decidió darse un descanso. Esta obra la terminó porque, como decía él mismo, era un hombre de palabra y se lo había prometido a sus amigos Lucio y Tellaeche.
Ese verano, en pleno descanso en Fuenterrabía, nos dejó también la maravillosa melodía de Maitechu mía.

