Federico el grande partituras

PRIMER ACTO

Nº1. El baile de la Fuente del amor

Teodoro:
Poco inspirado
me encuentro hoy
estos acordes
no salen bien.
¡Anda la osa!
¡Qué bruto soy!
yo no he nacido
Behetoven.
(Da un manotazo en las teclas y levantándose baja al centro).
Sé tocar de afición el piano
porque música nunca aprendí,
y saber componer pretendo
como Wagner, Berlioz o Chapí.
Mas, como no ha de ser,
vuelvo a trabajar
que mi serenata
que mi serenata
quiero terminar.
(Vuelve a sentarse al piano).
Vamos a empezar.

(Aparecen en la terraza del foro las señoritas y los caballeros bañistas, que ahora avanzan con mucho sigilo a medida que van cantando lo que sigue).

Teodoro:
Amado, amadas
te mando mi adiós,
por ti me suicido
con un mortero
del cuarenta y dos.

Señoritas y caballeros:
Venid, por aquí,
con gran precaución
y démosle el susto
a todo pulmón.

Teodoro:
Esta frase me ha salido
con muchísimo sabor,
y ahora es cuando
voy creyendo
que soy compositor.

(Las señoritas y caballeros bañistas se van acercando sigilosamente a Teodoro).

Caballero:
Sss.

Señoritas:
Ssss.

Señoritas y caballeros:
Maestro.

Teodoro:
¡Remelocotón!

(Las señoritas y caballeros ríen mientras Teodoro se queja del batacazo que ha dado).

Señoritas y caballeros:
Le está bien empleado
por no llamarnos
pero si se arrepiente
le perdonamos,
y sólo le ponemos
por condición
que ensayemos el baile
de la fuente del amor.

Teodoro:
Mi bailable ensayaréis
y aunque ya lo domináis
ahora aquí demostraréis
lo fetén que lo bailáis.

(Hablado)
Colocan en figura; usted Tomasín al piano y procure no mirar a su novia, porque se distrae y se sale del compás.

Tomasín:
Bueno.

Señorita 1:
¿Y usted cree, Teodoro, que tendremos éxito?

Teodoro:
Una enormidad, el Clour de la fiesta de mañana. Claro que sin el truco de la fuente el baile está descabezao, pero cuando lo vean todo junto…

Bañista 1:
¿Pero nos hemos quedado así de un aire?

Otro:
¡Vamos maestro!

Teodoro:
Silencio los discípulos, ¡A una Tomasín!

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Nº1A. Aire de malagueñas

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Nº1 bis. Los ensayos

Señoritas y caballeros:
La, la, la, la…

Melardier :
(Les hace un gesto imponiéndoles silencio)
La, la, la, la…

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Nº2. Terceto, chotis y tango

César:
¡Pepa!

Julio:
¡Pepa!

Pepa:
¿Quién me ha llamado?

César:
Quien te conoce,
ven a mi lado.

Julio:
Pepa.

César:
¡Pepa!
Si no discrepa
enterarme quiero
de una santo
y punto por punto,
haz que yo lo sepa.

Pepa:
Creo que se han equivocado
la menor duda no quepa
pues si Pepa me han llamado
no soy Pepa.

Julio y César:
¡Tu eres Pepa!

Pepa:
Cuanto tanto lo aseguran
es que deben conocerme
y yo puedo, si me apuran,
en un compromiso verme.

Soy baronesa,
viuda del Robledal.

Julio y César:
Del Robledal

Pepa:
Dueña de estos terrenos
y algunos más.

Julio y César:
No vives mal.

Pepa:
Vengo a este pueblecito
por mi recreo.

Julio y César:
Ya, ya te veo.

Pepa:
Y aquí estoy tres meses.

Julio y César:
De veraneo.

Pepa:
¿Es pitorreo?

Julio y César:
La frase es de una chulapa
de Chamberí o de Lavapiés.

Pepa:
¿Y usted quién es?

Julio y César:
Alma chulapa
eres de buena cepa.

Pepa:
¿De buena cepa?

Julio y César:
Ven a abrazarnos pronto.
(Descubriéndose)
¡Viva la Pepa!

Pepa:
¡Julito! ¡César!
¡Ay qué alegría!

Julio y César:
¿Ves como sí te conocía?
(Se abrazan)

Pepa:
¿Recuerdas de los tiempos
de juerga y de jarana?
Pasábamos bebiendo
la noche y la mañana.

César:
¿Te acuerdas que las zambras
duraban ocho días?

Julio:
¿Te acuerdas las merluzas
tan grandes que cogías?

Pepa:
¿Recuerdas cuando el tango
bailabas tú conmigo?

César:
Y yo cantaba siempre
que tengo buen estilo.

(César se sienta y con un cuadrillo que habrá en el escritorio empieza el cante imitando a los cantaores). Pepa y Julio le jalean y bailan todo el tiempo).

César (cantando un tango):
¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!
Ayayayayayayayyayay
Ahhhhh.
Vive en Cádiz una vieja
arangadita y muy chica,
es más fea que una almeja
y la llaman vieja rica,
que vieja más rica, Jesús,
y qué bien que la pobrecita
cumplió ya los cien.

Julio y Pepa:
Que la pobrecita
cumplió ya los cien.

César:
Si te canta un tango
la matusalén
te juro que gritas
anda que le den
y que le den.

Pepa:
¡Que le den!

Julio:
¡Por mí que le den!

César:
Que le den
pa que friamos buñuelos
o bizcochos borrachuelos
y se caiga la sartén.

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Nº3. Terceto de los bailes

Don Fidel:
¡Que disparate! Ese hombre se ha vuelto loco.

Adriana:
A Federico se le ha ocurrido una idea genial

Federico:
Un príncipe extranjero
esperan hoy aquí
y el francés hostelero
por él me toma a mí.
No tengo que decirles
que preparando están
unos grandes festejos
con que me obsequiarán.

Adriana y Don Fidel:
Un príncipe extranjero
esperan hoy aquí
y el francés hostelero
por él te toma a ti.

Don Fidel:
¡Ay qué gracia
tiene este pijotero
como a un pobre chino
engañó al francés
y ahora me resulta
príncipe extranjero,
hijo tienes
una gran desfachatez.

Federico:
¿Qué habláis por diez?
que es lo que osáis
de mi altivez
os guaseais.
¿Es que ignoráis
que yo por hoy
de real familia soy?

Adriana y don Fidel:
Perdonadnos gran alteza.

Federico:
Perdonadme gran alteza.

Federico:
De Selvania seré el rey
con que habladme de rodillas.

Don Fidel:
Este ya está haciendo el tonto.

Adriana:
Y en tu acompañamiento
debes decir qué papel
represento.

Federico:
Lo vas a oír.
Tú serás la duquesa
por quien chiflado estoy,
ministro de la guerra
le nombro a don Fidel
de incógnito contigo
viajando siempre voy.

Don Fidel:
Y yo con la pareja
haciendo de chandelle.

Federico:
Y habrá que vernos
en un salón
cuando bailemos
un cotillón.

Don Fidel:
Con la alcaldesa
yo bailaré.

Federico:
Y a la gran duquesa
yo sacaré.

Adriana:
Y bailaremos mi numerito.
(Bailan cómicamente.)

Federico:
Luego vendrá el vals
que te pediré.

Don Fidel:
La pareja os pido
hacedme ese honor.

Federico:
Ahí va mi pareja.

Don Fidel:
Mil gracias señor.

(Don fidel baila con Adriana y Federico sólo. Después los tres juntos).

Federico y Adriana:
Y ahora viene el gran galop
que no lo bailamos mal.

Don Fidel:
Y también se lo galopan
alcaldesa y general.

(Bailan el galop desenfrenadamente. Al terminar el número da un testerazo a Malardier que sale por un lado quedando todos en postura de baile).

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Adriana, Federico, Don Fidel, Malardier, señoritas y caballeros, bañistas, jugadores, servidumbre y banda dentro.

Suena la banda. Van saliendo a escena las señoritas y caballeros.

Nº4. El baile de caridad

Tiples:
Viva de Silvania
que el trono heredará.

Bajos:
Viva el noble huésped
que mañana reinará

(Sale la banda a escena)

Bajos: (EMPIEZA EL 11)
Viva el príncipe
apuesto doncel.
Viva la duquesa,
viva el coronel.

Adriana:
Pero, ¿qué es esto tío?

Don Fidel:
La broma es colosal.

Federico:
Veréis cómo se porta mi alteza real.

(Federico se dispone a dirigir la palabra al puebo, pero éste no le deja por el entusiasmo con que le aclaman)

Melardier:
Viva el prícipe.

Todos:
Viva

Malardier:
(Al director de la banda)
Maestro, duro con el himno de Silvania.

Don Fidel:
¿Qué es esto?

Federico:
Que nos van a hipnotizar.

Don Fidel:
Ahora nos salen por peteneras.

Federico:
Juraría que son unas malagueñas.

Adriana:
Vámonos pronto de aquí que yo voy a reventar de risa.

Federico:
Calma, que yo lo arreglaré todo.

Todos:
Hip, hip, hurra.

Federico:
Agradezco con todo mi corazón
estas pruebas ardientes de admiración.
Vuestro comportamiento noble y sincero
sabrá pronto, muy pronto, mi pueblo entero.

Todos:
Si nos habla de Silvania,
yo tendría gran placer.

Federico:
Las costumbres de mi pueblo
ahora vais a conocer.

En Silvania cual los hombres
tiene voto la mujer.

Todos:
Pues tendrán gran placer.

Adriana:
Son doctoras, abogadas,
ingenieras son también.

Federico:
A los quince la Silviana que es ligera
pues ya ejerce la carrera.

Adriana:
Ah, lo cuento así
porque nací
en la mejor nación que vi.

Federico:
Negármelo será estupidez
y nunca lo consentiré, ¡pardiez!

Todos:
Él es así
porque nació
en la mejor nación
que vio.
Negárselo será estultez
y nunca lo consentirá, ¡pardiez!

Malardier:
Y si quiere vuestra alteza
aquí puede presenciar
un bailable sorprendente
que ahora tienen que ensayar.
Para una fiesta de caridad
que da a los pobres nuestra ciudad.

Federico:
Tienen mi venia
para empezar.

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SEGUNDO ACTO

Melardier, Pepa, Julia, Miguel, Grupier y dos criados

Nº5. Coplas de los globos

Melardier:
He hecho una monada
que dará el jardín
a su alteza mucho
le habrá de gustar.

Pepa:
Sigamos colgando
lindos farolillos,
gran golpe de vista
ha de presentar
y espero lo alaben
los que acompañando
vienen a su alteza
el príncipe Oscar.

Julia:
(A Melardier)
Ya está bien iluminado
y sin duda así lo debes dejar
porque es de pésimo gusto
estas cosas recargar.

(Melardier baja de la escalera y, contemplando a Julia y Pepa, que están con sus faroles una a cada lado de escena).

Melardier:
Con esos farorillos tan relucientes
me parecéis dos hijas del sol naciente.

Pepa y Julia:
Pues póngase usted aquí
teniendo su farol
y así parecerá
hijo también del sol.

Miguel:
Señor Melardier
estos tres faroles
acaban de traer.

Melardier:
Llegáis a tiempo
¡recaracoles!
con que adelante
los faroles.

Julia:
¡Ay, qué bonitos son!

Pepa:
Y tienen cuatro colores
como los nuestros.

Melardier:
Bueno, colóquense aquí los cuatro y, cuando yo pida un color, lo presentáis de frente y al mismo tiempo, ¿estamos?

¡Venga el azul!
En el Japón,
por tres cincuenta
se compra una mujer
y, al que le sale mal
la cuenta
la puede revender.
Una que yo compré
me tomaba a pitorreo
y un día la cambié
por un sello de correo.

Qué grande es todo en Japón,
lo que hay que ver allá en Tonquín
sin ton ni son cae al nipón
la gorda al fin.

Todos:
Qué grande es todo en Japón
lo que hay que ver allá en Tonquín
sin ton ni son cae al nipón
la gorda al fin.

Melardier:
¡Venga el rojo!
A cierta gheisa
muy obesa
le di mi corazón,
y una dulcísima
sorpresa
me dio la del Japón.
Lo mismo que un balón
su abultado seno era
y tenía otra región
de primera, de primera.

Qué grande es todo en Japón,
lo que hay que ver allá en Tonquín
sin ton ni son cae al nipón
la gorda al fin.

Todos:
Qué grande es todo en Japón
lo que hay que ver allá en Tonquín
sin ton ni son cae al nipón
la gorda al fin.

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Aparecen por el foro Adriana del brazo de Federico y detrás don Fidel. Vienen muy estirados y dándose mucho el tono. Presentes, además de los dichos, Julia, Pepa, Melardier, el capitán y su señora, Miguel, Morán e invitados.

Nº6. Entrada y gavota

Melardier:
(Hablado).
Miguel, corra usted, y que se dispongan a venir los invitados que esperan en el salón para saludar a son altes.

Miguel:
Voy corriendo.

Melardier, Pepa y Julia:
Pasad, grandes señores.

Adriana, Federico y don Fidel:
Aquí nos tenéis ya.

Melardier, Pepa y Julia:
Nos abrumáis de honores.

Julia:
Pasad.

Pepa:
Pasad.

Melardier:
Pasad.

Adriana, Federico y don Fidel:
¿Por dónde anda la gente?
Desierto está el salón.
Extraña es ciertamente
la desanimación.

Melardier:
Los invitados ahora
vendrán ya nuestra alteza,
presentarán pruebas de afecto,
de sumisión, de gran respeto
y admiraración.

Don Fidel:
(Haciendo de Chambelán).
Todos tus amigos pueden pasar,
que a todos su alteza quiere saludar.

Melardier:
Pueden pasar.

(Entran por la terraza el capitán y su señora, la marquesa, Angelito, Morán y todos los invitados).

Capitán:
¡Viva su alteza el príncipe de Silvania!

Todos:
¡Viva!

Melardier:
¡Hip!, ¡Hip!, ¡Hip!

Federico:
Dadle un susto a ese
que ya está con el hipo.

Todos:
Dios colme de venturas
al príncipe real
que atento y complaciente
la fiesta viene a honrar.

Melardier:
Callarse que su alteza
se va a dignar a hablar.

Todos:
Atentos, su discurso
queremos escuchar.

Federico:
Nobles señoras y caballeros; con verdadera sinceridad os agradecen tres extranjeros vuestra exquisita hospitalidad. Y quiero que expresiva mi boca al hablar os diga que es muy viva.

Todos:
¡Viva! ¡Viva!

Federico:
Dejadme terminar. No sé por dónde iba pero no he de olvidar, aunque cien años viva.

Todos:
¡Viva! ¡Viva!

Federico:
Pro ¿queréis callar?
(Aparte a don Fidel).
Estoy disgustado; esto es un abuso, ya me han destripado todo mi discurso.

Melardier:
(A Federico).
Señor, están turbados por la emoción.

Federico:
Pues empecemos pronto la recepción.

(Los caballeros cogen a las señoritas del brazo y van desfilando por delante del príncipe procurando que resulte lo más cómico posible).

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Nº7. Cuarteto de los celos

Julia:
Por Dios alteza
no seáis tan atrevido.
¿No ha reparado
que nos pueden sorprender?

Federico:
Por tu belleza
gravemente estoy herido
y enamorado
desde que he venido ayer
¡Tiene que ver!

Adriana:
Ella con él
míralos ya
y el muy infiel
me engañará.

Federico:
Arder mi pecho siento
y al fin y al cabo
tú me querrás.

Don Fidel:
No seas así,
si hablando está ella con él
broma será.

Federico:
Pues de mi pensamiento
eternamente
reina serás.

Julia:
Pecho inocente,
la loca pasión
que es muy triste
para un pecho amante
ver desecha
por la decepción
la ilusión.

Federico:
Al mirarla no sé qué me pasa
pero siento como un golpe aquí
y presiento que al fin más de un golpe
de seguro yo voy a sentir.

Adriana:
No me puedo aguantar.

Julia:
¡Cese por Dios!
¡No insista más!

Federico:
Su mano yo quiero besar.

Adriana:
Es mucha su osadía
y de mí nadie se ha de burlar.

Federico:
No tema usted.

Julia:
Déjeme ya.

Adriana:
Quiero a los dos
escarmentar.

Don Fidel:
No seas precipitada
eso no es nada,
ya lo verás.

Federico:
Su mano yo quiero besar.

Adriana:
(Dándole golpes a Federico).
¡Muy bonito!

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Nº8. El El atentado anarquista

Federico:
¡Favor! ¡Socorro! ¡Que me asesinan!

César:
¡Toma, villano!

Melardier:
Venid deprisa,
cogedlo pronto.

Federico:
¡Ay qué animal!

Todos:
Sujetemos todos
a este criminal
que agredió alevoso
al príncipe Oscar.

Melardier:
No cabe duda, es Balkan el anarquista. Encerradle en esta habitación, que venga el juez y la policía. Que se telegrafía a todas las potencias dando cuenta del atentado y al rey, su padre.

Federico:
¡Ay mi padre! Qué disgusto le van a dar.

Melardier:
Mañana todo el mundo sabrá de él y yo hago el gran anuncio para mi hotel.

Todos:
Serenidad y gran valor
ha demostrado mon señor,
al sujetar al criminal
y su traición debemos castigar.

Federico:
No nos preocupemos
por el incidente
que siga la fiesta
que baile la gente.
Pues poco le importa
al príncipe oscar
que le hayan querido
asesinar.

Melardier:
Tiene razón su alteza.
Que siga la fiesta.

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TERCER ACTO

Aparece Adriana en la escalera. La sigue Federico. Ella baja rápidamente y, cogiendo un periódico, se sienta a leer. Él queda parado en el descansillo, después de cerciorarse de que nadie le sigue se aproxima a ella y, muy amoroso, la dice:

Nº9. Dúo de Adriana y Federico – Vals

Federico:
Escúchame, Adriana,
perdona mi locura.
No seas tirana,
tirana, mi amor.

Adriana:
Con falsas palabras
burlarme te figuras.
¿Por qué ers tirano
tirano, traidor?

Federico:
No digas, vida mía,
frases tan vulgares.
(Tropezando con el gendarme).
¡Otra vez el espía de los Magiares!
Por la noche y la mañana
sufriendo este espionaje.
La ventana, contempla el paisaje.
(Lo coloca de espaldas y vuelve al lado de Adriana)
Veré lo que haces poniéndome aquí.

Adriana, flor temprana,
que yo cuido en mi vergel.
Te aseguro que te quiero
y siempre he de serte fiel.
Yo diría y juraría
que me está mirando aquel.

Adriana:
Hace solo un sinvergüenza
lo que tú me hiciste ayer.

Federico:
Adriana, de muy buena gana
que la penitencia
tú me impongas pido yo.

Adriana:
Conque no te quiera
ya estás castigado
porque no hay absolución.

Federico:
(Al gendarme)
Si te largo un cate
en el cerviguillo
mutis la cabeza
por ese visillo.
Al fin le he asustado.
Ya no mira más.
Dime vida mía,
¿me perdonarás?

Adriana:
Eso no lo esperes,
no lo lograrás.

Federico:
Adriana, flor temprana,
que yo cuido en mi vergel,
te aseguro que te quiero
y siempre he de serte fiel.
No seas así,
no lo haré más
nunca de mí
queja tendrás.

Adriana:
No quiero que embustero
mi pasión burles cruel
y olvidarte yo prefiero
porque no me has sido fiel.
Quita de ahí,
déjame en paz,
ya para mí
de más estás.

Federico:
Si todo fue una broma.

Adriana:
No tal, me has engañado.
¿Me sueltas?
¿No?
Pues toma.

Federico:
¡Qué torta me ha pegado!
(Furioso y como loco, sin saber qué hacer, coge un libro de encima del escritorio y da con él al gendarme en la cabeza. Este, muy angustiado, se cuadra temblando).

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Nº10. Dúo cómico de Adriana y Federico

Adriana:
Federico de mi vida.

Federico:
Mi nena, mi ilusión.
Te veo decidida
a darme tu perdón.

Adriana:
De ese asunto no hablemos
y legra esa cara
que por fin nos vamos
a Guadalajara.

Federico:
Recordaremos con ilusión
al apearnos en la estación
cuando juntos, siendo muchachos,
vendíamos almendras
y bizcochos borrachos.

Adriana:
¡Pues no me he de acordar!

Federico:
(Pregonando.)
Bizcochitos borrachos,
almendras de Alcalá…

Adriana:
Y de mi corralito,
¿te acuerdas? Di.

Federico:
Me acuerdo a todas horas,
claro que sí.

Adriana:
¡Cacaracúa!

Federico:
¡Kikirikí!

Adriana:
Protestaban las gallinas
ante un gallo noble y fiero.

Federico:
Porque eran cincuenta y cuatro
para un solo caballero.

Adriana:
Una gallinita inquieta
empezó a cacarear.

Federico:
Y el gallo la dijo
tú te tienes que esperar.

Adriana:
Gallos para todas
traigo al corralón.

Federico:
Pero a ti en castigo
te doy un capón.

Los dos:
¡Oh qué intuición
más colosal
tienen las aves
de mi corral
y en el amor
a no dudar,
lección a todos
nos pueden dar.

Federico:
Una gallinita un día
tristemente se quejaba
pues los huevos que ponía
un gallo se los llevaba.

Adriana:
Se alborotó el gallinero
y para evitar el mal

Federico:
Al gallo prohibieron
volver más por el corral.

Adriana:
Pero este decía
en una reunión.

Federico:
Yo entraré por huevos,
te doy un capón.

Los dos:
¡Oh qué intuición
más colosal
tienen las aves
de mi corral
y en el amor
a no dudar,
lección a todos
nos pueden dar.

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Federico, Oscar, Melardier y el juez

Nº11. Final

Oscar:
De Silvania soy el heredero
y ahora mismo lo puedo probar.

Melardier y juez:
Es un pillo, granuja, embustero
que nos quiere sin duda engañar.
Cumpliremos pues nuestra obligación
y le encerraremos sin tardanza
en la prisión.

Federico:
Si todo se descubre
me dan un palizón.

Oscar:
Aquí pasa algo extraño
y no sé la razón.

Federico:
Estoy muy escamado
y es cosa de escapar
si acaso este es el príncipe
que vine a suplantar.

Melardier y juez:
Sin duda el individuo
bien loco está de atar
y afirma osado y cínico
que es el príncipe Oscar.
¡Es un histérico!
¡Es un neurótico!
¡Es un famélico
y un estrambótico
que algún chantaje
quiere intentar
pero su objeto
no ha de lograr.

Oscar:
Que soy el príncipe
yo he de probar.

Federico:
Dejadme con él solo,
no quiero nada más,
pues aunque dice es príncipe
es sólo un parlanchino.

Melardier y juez:
Su alteza es un valiente
y un gran espadachín
de fijo que a este estúpido
va a escarmentar al fin.
¡Esto es insólito!
¡Nos deja estáticos!
¡Es un gran cínico
y es un lunático
que audaz a todos
quiere burlar!
Pero buen chasco
se va a llevar.

Oscar:
Demostrar quiero
que soy Oscar.

Federico:
Si salgo bien
de estos apuros
te ofrezco cinco duros
de cera.
¡San Nicanor!
¡Sí señor!

Oscar:
Yo no me explico qué pasa,
la gente de esta casa
ya perdió de sopetón la razón.

Melardier y juez:
No le haga caso vuestra alteza
que tengo la certeza
de que es solo un gran bribón
y un hambrón.

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