La picarona partitura

«Canto a Segovia» (nº4)

Coro:
Paso al adivino que va de camino
y dá por dos cuartos la felicidad.
Si nos ilusiona con su alegre sino,
¡qué importa que luego no sea verdad!

Ginés:
Vengo caminando por la cinta blanca de la carretera,
y traigo ilusiones para quien me aguarda para quien me espera.
Curo el mal de amores curo los pesares, curo los dolores,
y de magia entiendo y en dos cuartos vendo hierbas de virtud.

Coro:
¿Será verdad?
¿Podrá decir lo que ha de ser en nuestro porvenir?
Si el sino es engañador,
no es novedad pues siempre miente amor
y el acertar no es gran virtud,
el milagro lo hace nuestra juventud.

Viene caminando por la cinta blanca de la carretera,
y no hay moza o mozo que no sienta gozo.
Puede que sea cuento pero en un momento me ha puesto contento,
y eso da salud.

Ginés:
Los secretos del destino he logrado descubrir,
porque soy el adivino que predice el porvenir.

Voy vendiendo la alegría sin hallarla para mí,
y a Segovia he visto un día y a su encanto me rendí;
que si llora el río Clamores yo sus quejas comprendí;
llora regando sus flores y a Segovia dice así:
Segovia de mis amores,
la causa de mis dolores es separarme de ti.

¡Segovia!
Segovia del sol es la novia
por eso al beso de la despedida,
en oro de rayos de sol encendida,
Segovia se viste su traje de novia
y muestra el tesoro de sol de su manto
que es de oro.
¡Segovia!

Coro:
Tiende su manto que es de oro, Segovia.
La Sierra con nieve la viste de novia
y el sol que se abrasa de celos
por eso la envía sus rayos y en ellos un beso.

Ginés:
Segovia nos muestra de luz su tesoro
pues viste de novia con un manto de oro,
Segovia.

Coro:
Florón de Castilla, es una gavilla y un rayo de sol.
¡Segovia!

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«Dúo de Ginés y Montiel» (nº5)

Ginés:
Pongo a Dios por fiel testigo
de que no voy a mentir
porque todo lo que digo
lo se a fuerza de sufrir.

Montiel:
Finge dichas adivino
¡Finge!
No te pido lealtad.
¡Miente!

Ginés:
Hoy se cruza en tu destino
la fatalidad.

Montiel:
Dime toda la verdad.
Con ansia daré por ella
una vida de tortura
y bendeciré mi estrella
cegado por su hermosura.
¡Celos sufriré y dolores
por una ilusión tan bella!
De Dios ella es elegida
y en flor cambia cuanto toca
que valen por una vida
besos que son de su boca.
¡Y hasta la muerte la he de amar!

Ginés:
Domina el afán que te ha herido
y acaso el olvido
te cure el amor.

Montiel:
¡Quien huye se entrega vencido
amor nunca teme al dolor!

Ginés:
El sino en tu estrella he leído
escucha si tienes valor:
Todos los que se enamoran
de mujeres como es ella
penas y dolores lloran
y maldicen de su estrella…
Pero es demasiado bella
y al verla otra vez la adoran,
¡Ah!…
Lloran pena y amargura
sufren con dolor eterno
aman y es su amor locura,
llevan un vivir de infierno…
¡Y no la pueden olvidar!

Montiel:
Sabré de esas horas
de esperarla impaciente.
Con un ansia ardiente
de gozar y vivir.

Ginés:
Sabrás de tristezas
que jamás presentías
y noches y días
pensarás en morir.

Montiel:
¡Se cruza en mi camino!

Ginés:
¡Pues teme a tu destino!

Montiel:
¡Amarla es mi sino!

Ginés:
¡Tu sino es sufrir!

Montiel:
¡Todo es mentira!

Ginés:
¡No miento!

Montiel:
¡Ha de quererme!

Ginés:
¡Jamás!
Si no huyes de esa mujer
un dolor llorarás.

Montiel:
Un beso de esa mujer
No se puede olvidar nunca.
Por una ilusión tan bella
yo bendeciré mi estrella
y sabré escalar su altura.
¡Felices los que la adoran!
De Dios ella es elegida
y en flor cambia cuanto toca
que valen por una vida
de ilusión querida
besos que son de su boca
y hasta que muera la he de amar.

Ginés:
Los que de ella se enamoran
penas y dolores lloran
y al verla otra vez la adoran.
Les ciega con su hermosura
sufren un dolor eterno
aman y es su amor locura
llevan un vivir de infierno…
¡y no la pueden olvidar!

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«De una mujer cuando llora y dúo» (nº8)

Ginés:
¡Maribel! ¿Porqué lloras?
¿Quién te pudo hacer llorar?
De una mujer cuando llora,
hay que tener compasión.
¡Llanto que cuesta tanto
sale del corazón!
Si ella llora,
es un error preguntar;
que es discreto
su secreto respetar.
y su dolor consolar.
Lágrimas tienen las mujeres
para querer y para odiar.
Lloran con ellas sus quereres
y ellas les hacen olvidar.
¡Hoy a la luz de la luna
perlas tus lágrimas son!
Si pudiera yo venciera
la emoción que apena tu corazón.

Maribel:
¡Cómo me quiere, Dios mío…
y tenerle que engañar!
Hace tiempo que callaba
por ser mujer; pero dentro
de mi alma tengo un querer.

Ginés:
Si pudiese, los tendrías
pobre mujer,
y con ellos dejarías
de padecer.

Maribel:
En ello nunca pensaste
creyéndolo un desatino…
Ginés ¿no lo adivinaste?
¡Qué torpe es el adivino!

Ginés:
¿Qué dices?

Maribel:
Pues ya lo vés.
¡Que yo te quiero, Ginés!
Hace tiempo que callaba
por ser mujer.

Ginés:
No me engañes te lo ruego
No, Maribel.

Maribel:
(Su amor es noble y sincero
al verle me apiado de él
y lucho pero yo quiero desengañar a Montiel).

Ginés:
Yo creo que tú has mentido
que sientes por mí piedad.

Maribel:
Te quiero y he comprendido
lo que es la felicidad.

Ginés:
¡Mujer que tanto he querido
por fin tu amor adivino!
¡Déjame que te hable sin temor
mírame, verás en mí el amor!
Te haré de rosas un nido
y en él no habrá nunca espinas,
que a poder,
mi reina tú has de ser…
¡Mujer que tanto he querido!

Maribel:
Ahora que sé su alegría
siento pesar y temor
y es que al mentir no sabía
que despertaría
tan grande su amor.

Ginés:
Di Maribel que me quieres
dímelo por caridad.
Di Maribel que me quieres.

Maribel:
(No he de decir la verdad.)

Ginés:
Mujer que tanto he querido, etc.

Maribel:
Ginés, mi amor nunca olvido
y tu mí amor adivinas,
¡Quiéreme no sientas más temor!
¡Mírame, verás en mi el amor!
Tendré de rosas un nido… etc…

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«Bajo un sol que los tortura» (nº 14)

Ginés:
Bajo un sol que los tortura, ciegos de polvo y de luz;
arrastrando su amargura como Jesús con la cruz,
van los hombres que esperaban ver triunfante la verdad:
van los hombres que soñaban morir por la Libertad.

¡Blanca carretera, blanca carretera…
por el amor de una ingrata mi vida va prisionera!
Si el dolor no mata, yo verla quisiera
sobre tu cinta de plata; blanca carretera,
mi amor.

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